Análisis histórico del ejército de Bolivia

Introducción

El presente trabajo de investigación no es una historia oficial. No es bueno generar versiones oficiales en lo que hace a una ciencia que permanentemente está en proceso de revisión y perfeccionamiento. Más aun en nuestro País, cuyos archivos oficiales pecan de muchas deficiencias y carencias.

Este es una trabajo de investigación personal que no compromete a la Institución que se hace referencia, ni es una posición oficial, solo es, una interpretación de muchos libros de historia de las varias ya existentes, que trata de mostrar otra visión de la historia de nuestro Glorioso Ejército de Bolivia desde la óptica más realista y objetiva.

Antecedentes

La Historia de Bolivia es, en gran parte, la historia de su Ejército. Está íntimamente ligada a este, desde los prolegómenos de su nacimiento después de una cruenta lucha de dieciséis años (1809-1825); pasando por sus momentos de mayor gloria, cuando se consolido su independencia como país (1826-1847); por sus momentos de anarquía (1848-1879); par los avatares mas trágicos de su existencia, en las guerras para mantener su patrimonio territorial (1880-1935); por la implantación de nuevas corrientes ideológicas de transformación social, coma fue el fenómeno de la Revolución Nacional (1936-1964); por su resistencia a la agresión política del marxismo internacional (1965-1971); por su tránsito de las dictaduras a la estabilidad democrática (1972-2002); y, finalmente, en estos días en los cuales aparentemente se ha de definir su existencia, sus posibilidades de subsistencia coma Estado unido, soberano e independiente.

Nunca coma ahora tuvo tanta vigencia la frase: "Institución tutelar de la Patria", porque una vez más descansa sobre sus hombros, la responsabilidad de preservarla unida y soberana, como demandara el angustioso pedido del Gran Mariscal de Ayacucho, antes de su salida de nuestro suelo.

Este ensayo pretende constituirse en la historia no contada del Ejercito. Una especie de auditoría histórica a sus hechos, falencias, debilidades, aciertos, transformaciones y el aporte ético, material e ideológico de sus miembros al devenir de nuestro país, que se encuentra aún en pleno proceso de formación de su identidad nacional y la visión que del rol de la institución se tiene a futuro.

El Ejército del Estado Plurinacional de Bolivia, consecuente con sus principios de ser una Institución que se caracteriza por el estricto cumplimiento de las leyes, inició un proceso de readecuación para responder a las exigencias del momento histórico que está viviendo nuestra Patria.

Después de varios meses de investigación se llego a culminar este documento que recoge a sus raíces ancestrales, para proyectarse hacia el futuro con la nueva mentalidad del militar boliviano de armas, que está basada en el concepto del "Vivir bien", donde la diversidad multicultural de nuestra base social, pasa a ser un referente esencial en nuevo y emergente pensamiento Militar para fortalecerla y emitir señales de unidad y cohesión en el actual Estado Plurinacional.

En ese sentido, esta investigación particular se materializa en: la historia del Ejercito de Bolivia, las raíces de su historia ancestral, la cosmovisión plural, el "Vivir Bien" y los fines esenciales del Bienestar y Seguridad Integral, orientando la generación de un nuevo concepto de Defensa Terrestre y que estructura un moderno concepto de operaciones militares integrado al accionar conjunto de las Fuerzas Armadas.

El objetivo del Ejército, como parte integrante e indisoluble de la Institución Fundamental de la Patria, que son las Fuerzas Armadas del Estado, es servir de la mejor manera a Bolivia, aspecto que también es la razón de ser del militar boliviano.

CAPÍTULO I

Filosofía ancestral

La filosofía ancestral de Bolivia, tiene como elementos componentes sus raíces históricas y la cosmovisión plural, que definen la esencia misma de la existencia del Estado actual; en estas bases filosóficas se encuentran los fundamentos teóricos de la conformación del "Ser del Pueblo Boliviano", su forma de pensar, sentir y actuar, que tiene la compleja realidad en la que se desenvuelve, dado su carácter plurinacional; en este sentido, la filosofía de nuestro país es multifacética y con la complejidad de los sistemas no lineales, debido a que en sus indagaciones filosóficas sobre "la vida" trata de explicar esa realidad desde un modo de pensar con una forma y patrón distinto, con diferentes cosmovisiones, culturas, dinámicas de vida y una lógica polivalente, una diferente concepción del espacio - tiempo, una racionalidad basada en la relación humana - naturaleza y materia - orgánica caracterizada por la diversidad, todo esto, bajo un paradigma comunitario, unido e interrelacionado por la complementariedad y reciprocidad.

Cosmovisión.

Todas las culturas tienen una forma de ver, sentir percibir y proyectar el mundo, al conjunto de estas formas se conoce como Cosmovisión o Visión Cósmica.

Los abuelos y abuelas de los pueblos ancestrales de nuestro actual Estado Plurinacional, sabios y sabias de la tradición, que guardaron las enseñanzas y las transmitieron de generación en generación, son los artífices de nuestra cultura de la vida, inspirados en la expresión del concepto de que existen muchas verdades, y no solo una, donde todo está conectado, interrelacionado, nada está fuera, sino por el contrario todo es parte de la armonía y equilibrio de uno y del todo, es importante para la comunidad.

Es así que en gran parte de los pueblos ancestrales de la región andina pervive la Cosmovisión Ancestral o Visión Cósmica, que es una forma de comprender, de percibir el mundo y expresarse en las relaciones de vida. Existen muchas naciones y culturas, cada una de ellas con sus propias identidades, pero con una esencia común: el paradigma comunitario basado en la vida en armonía y el equilibrio con el entorno.

Recuperar la cosmovisión ancestral es volver a la identidad; un principio fundamental para conocer nuestro origen y nuestro rol complementario en la vida.

Identidad.

Existe una identidad cultural que emerge de una profunda relación con el entorno, con la Madre Tierra, con el lugar que habitamos. De ella nace una forma de vida, un idioma, las danzas, la música, la vestimenta, etc. También existe una identidad natural, que emerge de la complementación con la comunidad de la vida. Es importante saber quiénes somos, debemos reconocernos, esclarecer nuestras raíces, recuperar nuestra identidad cultural de herencia ancestral, fortalecerla y mantenerla; ya que un pueblo sin conciencia es un pueblo explotado o que fácilmente se deja explotar.

El retornar a la Identidad no implica un retroceso, significa recuperar la memoria y la historia en el tiempo presente para proyectarnos hacia el futuro; pues seguir caminos ajenos o ser repetidores de lo que otros siguen lleva a una constante frustración, como ha sido hasta ahora para las comunidades ancestrales.

Nuestra sociedad en general, tiene estructuras racistas y problemas históricos de centurias. El racismo y todo lo que implica en la forma de vida en general no es un problema social y político circunstancial, es producto de la deuda histórica nacida desde la colonia donde los criollos tenían menos derechos que los españoles y los mestizos menos derechos aun que los criollos. Paradójicamente hoy en día los mestizos parecen haber olvidado estos detalles de la historia y muchos han asumido el papel que jugaron en su tiempo los españoles y luego los criollos, marginando e impidiendo que la cultura ancestral sea reconstituida.

Cuando los gritos de libertad derrotaron el poderío colonial y mientras las ilusiones desbordaban el campo y la ciudad, una nueva casta se hacía del poder para perpetuar la exclusión y el olvido. En aquel momento, la fundación de nuestra Nación se redujo a un traspaso formal del poder entre las elites dominantes.

La identidad está relacionada con el Vivir Bien. En el Vivir Bien, todos y todo disfrutamos plenamente una vida basada en valores que han resistido por más de 500 años. Estos valores, estos principios, son la identidad que nos han legado nuestros abuelos, la armonía y la complementariedad en nuestras familias y en nuestras comunidades con la naturaleza y el cosmos, más la convivencia por medio del consenso diario entre todos y todo, en nuestras comunidades y la sociedad entera.

El vivir bien.

Desde nuestra cosmovisión, toda forma de existencia tiene la categoría de igual. En una relación complementaria, todo vive y todo es importante. Así como el cosmos tiene ciclos, la historia tiene épocas de ascenso y descenso, la vida tiene épocas de actividad y pasividad. Para vivir bien o vivir en plenitud, primero hay que estar bien con uno mismo. Saber vivir implica estar en armonía con uno mismo, estar bien y luego, saber relacionarse o convivir con todas las formas de existencia.

Vivir Bien es vivir en comunidad, en hermandad y especialmente en complementariedad. Es una vida comunal, armónica y autosuficiente. Vivir Bien significa complementarnos y compartir sin competir, vivir en armonía entre las personas y con la naturaleza. Es la base para la defensa de la naturaleza, de la vida misma y de la humanidad toda.

El Vivir Bien no es lo mismo que el vivir mejor, el vivir mejor es a costa del otro. Vivir mejor es egoísmo, desinterés por los demás, es individualismo, es sólo pensar en el lucro. Porque para vivir mejor es necesario explotar y nosotros decidimos Vivir Bien porque no aspiramos a vivir mejor que los otros. No creemos en la concepción lineal y acumulativa del progreso y el desarrollo ilimitado a costa del otro y de la naturaleza. Tenemos que complementarnos y no competir.

Debemos compartir y no aprovecharnos de otros. Vivir Bien es pensar no sólo en términos de ingreso per-cápita, sino de identidad cultural, de comunidad, de armonía entre nosotros y con nuestra Madre Tierra.

Reciprocidad.

Es el principio del equilibrio, del delicado balance de la vida, que nace de dar y recibir, de sembrar y recoger, de envolverse y desenvolverse, del ir y del venir, del estar y del no estar, del nacer y del morir, del intercambio de pensamientos y palabras con espíritu mayor, para crear una relación fecunda entre lo femenino y lo masculino, para que la vida sea digna y justa de vivirla.

Espiritualidad.

Es la ética del respeto, la capacidad de entendimiento para vivir y participar de la diversidad. Es la responsabilidad individual y colectiva, que nace de la honestidad, la fidelidad y lealtad con la vida. Es el don que hace posible la existencia solidaria entre culturas y pueblos diferentes.

Inclusión

La estructura de un nuevo pacto social es imperativa para que la Bolivia que viene se construya entre todos, sin exclusiones y sin banderas sectarias.

La exclusión fue una de las razones por las cuales nuestro Estado no logro funcionar efectivamente y esto se debía a la manera en la que nuestra sociedad había sido conformada.

En términos políticos se excluía a sectores como (la mujer, el joven y el indígena) del derecho y la obligación de participar en la conformación del poder político encargado de solucionar los problemas que los afectaban, porque el poder había sido conservado y cuidado, por todos los medios posibles, por una élite que heredo el poder desde nuestra independencia.

La convivencia con inclusión de los y las diferentes, exige el reconocimiento de derechos civiles, políticos, sociales, (culturales) que garanticen su ejercicio real, todo ello requiere de la voluntad para comprender al otro, que la tolerancia se abra paso ante tanta intolerancia acumulada, para transitar hacia la aceptación mutua. Los excluidos no reclaman inclusión sino reconocimiento, justicia, trato equitativo, horizontalidad en las relaciones. Por eso no se trata de incluir, sino de construir desde abajo, un Estado nuevo, plurinacional e intercultural.

Complementariedad.

Debemos construir la complementariedad desde la sociedad y para la sociedad, en base al acuerdo, la concordancia y el respeto al disenso.

Una sociedad construida por la alianza de los diferentes sectores, a las clases medias, obreros, profesionales, artistas, intelectuales, micro, pequeños y medianos productores y empresarios, trabajadores por cuenta propia y sectores urbanos empobrecidos, unidos por el objetivo de apoyar la generación de oportunidades de bienestar económico y social para el hombre y la mujer bolivianos, en sus múltiples identidades y manifestaciones, que supere las trabas del pasado y la autoexclusión de sectores minoritarios no democráticos y se abra a la nueva Bolivia, preservando su unidad y armonía.

La articulación de estas fuerzas cohesionadoras permitirá la cimentación de un Estado de todos, el cual será fruto del esfuerzo ciudadano y colectivo. De esta manera, los factores que fragmentan y dividen la sociedad boliviana serán superados de manera positiva en términos pacíficos, convirtiéndose en las bases que permitan la profundización de la democracia, la creación de oportunidades para todos y el respeto de la diferencia.

II.- FILOSOFÍA MILITAR.

Nuestra Filosofía Militar está conformada por el conjunto de ideas y conceptualizaciones que rigen nuestra forma de pensar y actuar, tanto individual y colectivamente, como integrantes del Ejército en su dimensión de Institución fundamental y permanente del Estado Plurinacional. En ella se incluye la forma en que nos se relacionamos con otros organismos del Estado y con el resto de la sociedad. Teniendo siempre presente que el poder militar se presenta como un componente esencial y permanente del Poder Nacional. Son los principios, fundamentos y tradiciones guerreras ancestrales que sostienen el carácter de la institución. Es una relación entre legalidad y cultura, cuyo resultado es la legitimidad social. De hecho, muchas de las tradiciones y costumbres que han formado parte de nuestra idiosincrasia, modificaron nuestra importancia en nuestra sociedad, al pasar a constituir parte de un contexto cultural más amplio.

Si bien nuestra institución adopto pensamientos e ideologías militares propias de experiencias de otros Ejércitos, e incluso recibimos influencias en aspectos doctrinales y filosóficos foráneos, ajenos a nuestra realidad, nuestra esencia guerrera, nuestra mística militar ancestral, nunca fue afectada y ha sido nuestro propio diseño filosófico militar, aquel correspondiente a nuestra realidad y necesidad lo que ha marcado nuestro devenir histórico.

El pensamiento militar evoluciona con los avances de la ciencia, lo temporal se modifica, y se adapta a esta nueva realidad, pero lo que da sentido, son los valores, tradiciones y principios que motivan al militar boliviano, los que siendo permanentes en el tiempo, en su búsqueda de ser más efectivos, se adaptan a la realidad social y cultural en que se desenvuelven.

Nuestra filosofía está sustentada en valores éticos, morales y espirituales propios de nuestra sociedad, lo que le otorga no sólo legitimidad sino que además, asegura una unión de principios con la comunidad a la que pertenecemos.

Se debe dar inicio al proceso de reconversión ideológica de nuestros profesionales de armas, desde los centros de formación y continuar en las Grandes y Pequeñas Unidades de Combate por una nueva de orientación endogenista, junto al fusionismo civil-militar, entendida como la consolidación y profundización de la unión cívico-militar en lugar de la paupérrima y democrática relación civil-militar dando inicio a la tarea de profundizar y acelerar la conformación de la nueva estrategia militar nacional, rompiendo el paradigma de lo estrictamente convencional de la guerra y definiendo nuestra propia concepción en función del concepto de la Defensa Integral, en la nueva vanguardia militar latinoamericanista que apoya crecientemente la integración real de la Comunidad Suramericana de Naciones.

Nuestro Ejército está formado por bolivianos y bolivianas, cuyo único signo distintivo y diferente, lo constituye su decisión de haber escogido vocacionalmente como forma de vida, la Defensa de la Patria a través de la carrera de las armas y su vocación de servir a Bolivia sin límites actuando en consecuencia con los valores de nuestra sociedad, este concepto es el que nos une, es el elemento vinculante y permanente que se trasluce a través de la historia del Ejército, la cual encarna valores y principios donde el amor a la patria, el respeto a las leyes, la defensa de la nación y el resguardo de nuestra soberanía mantienen plena vigencia.

III.- FILOSOFÍA DE GUERRA.

Es imperativo renovar la ideológica del nuevo pensamiento guerrero, que debe partir de nuestras raíces, es el carácter antiimperialista y socialista que debe asumir el Ejército de Bolivia, ante los innumerables hechos históricos y sistemas políticos que se pusieron al servicio de intereses apátridas contrarios al bien nacional.

La adopción de una filosofía de guerra basada en la "Guerra de Todo el Pueblo" a partir de la recuperación de nuestro orgullo y mística ancestral deberá ser entendida como la concepción estratégica para la Defensa del Estado Plurinacional, que resume la experiencia histórica de la nación en lo referente a enfrentamientos contra enemigos numérica y tecnológicamente superiores que desde la guerra de nuestra Independencia por más de 16 años hasta nuestros días, se basa en el empleo más variado y eficiente de todos los recursos materiales y morales de la sociedad, organizados en el Sistema Defensivo Territorial, como sustento de la capacidad defensiva del Estado. Esta Constituye el fundamento de la Doctrina Militar del Estado Boliviano y expresa la solución dada por la dirección del Gobierno a los problemas de la Defensa Nacional, que, en caso de una agresión militar contra Bolivia, cada ciudadano tendrá un medio, un lugar y una forma de enfrentar al enemigo hasta lograr la victoria.

Bolivia, a lo largo de su historia ha vivido siempre bajo la amenaza y el peligro de de vecinos carentes de recursos naturales e ideas expansionistas que amenazaron nuestro territorio desde su existencia como estado, por lo que debe convertirse en una sociedad militarizada y preparada en todo momento para la "Guerra de todo el Pueblo"; entendida como la participación de todas las fuerzas de la sociedad bajo la dirección única del Gobierno del Estado Plurinacional, durante el tiempo que sea necesario, en la defensa del país ante una agresión, en esencia el estado debe garantizar que cada boliviano y boliviana posea una forma, lugar y un medio de lucha para afrontar la agresión. La puesta en práctica es garantía de victoria y elemento de disuasión del enemigo, que no debe ignorar el alto precio que tendría que pagar por su agresión. Ser fuerte es una manera de evitar la guerra. "La guerra que evitemos será nuestra mejor victoria".

La nueva Filosofía Militar y de Guerra nace como respuesta a la amenaza militar a nuestros interés y como tal, refleja los rasgos estructurales de nuestra Doctrina de Guerra, diseñada para disuadir o derrotar a un agresor numéricamente y tecnológicamente muy superior.

La concepción de la "Defensa Integral de la Nación" es, por lo tanto, hija suigeneris de la misma partera de la historia que engendró las teorías militares sobre la "Guerra Total Prolongada" a través de la Republiquetas independentistas contra la Colonia española, y cuyas enseñanzas y experiencias establecieron a la lo largo de nuestra vida institucional nuevas normas y directrices que reestructuraron la actividad militar en función de un esquema fundamentalmente "defensivo" dentro de una guerra asimétrica, estableciendo centros de gravedad en todos los ámbitos, desarrollado a la par, la propia industria militar en consonancia con el modelo de desarrollo adoptado.

La adopción de la sabiduría militar milenaria de líder y primer Comandante Eusebio Lira, Juan Manuel Chinchilla, José Miguel García Lanza, fundadores de nuestras gloriosas Republiquetas Independentistas y arquitectos militares del triunfo sobre el colonialismo español, llamada universalmente "Guerra total prolongada y sin frentes definidos", es un extraordinario ejemplo en la reconquista de nuestro misticismo y orgullo guerrero ancestral. Porque, al privarle al agresor del centro de gravedad de su ataque junto a la destrucción física del ejército convencional invasor, se le quita la posibilidad de la batalla decisiva y la victoria rápida, obligándolo a la guerra total prolongada sin frentes definidos, en la cual no podrá prevalecer, lo que constituye el marco estratégico defensivo-ofensivo de Bolivia.

Son cuatro las condiciones básicas que tiene que cumplir nuestro país agredido para alcanzar la victoria:

  • Poseer unidad interna en torno a un proyecto histórico prospectivo, compartido o impuesto a la mayoría de la población.

  • Un liderazgo a la altura del desafío, con una doctrina de guerra claramente centrada en torno a la definición de los centros de gravedad de la defensa estratégica, "la Guerra de todo el Pueblo".

  • Apoyo internacional de países amigos.

  • Ser autárquicos en los aspectos fundamentales de logísticainteligencia y retaguardia.

IV.- IDENTIDAD Y ORGULLO MILITAR.

El Ejército del Estado Plurinacional de Bolivia, es el heredero de las glorias militares que desde el Incario, Tiahuanaco y los pueblos indómitos del Oriente formaron nuestra identidad guerrera y vencedora, cultivada con sangre por los heroicos Soldados de la Patria, nuestros Indómitos Indígenas y las Leales Rabonas, que trasmutando el tiempo brillaron por su heroísmo, coraje y valor, haciendo tremolar triunfante el pabellón nacional en nuestras victorias militares.

Las glorias de nuestro Ejército comenzaron con los alzamientos armados de Alonso de Ibáñez desde 1617 en Potosí; de Antonio Gallardo en la Paz en 1661, de Alejo Calatayud en Cochabamba en 1730; de los Katari y Amaru en 1780; de Sebastián Pagador en Oruro en 1781 y nuestros líderes y fundadores de las Republiquetas que iniciaron la Guerra de la Independencia y que constituyen los precursores de los éxitos y glorias del Ejército de Bolivia:

La Guerra de la Independencia (1809 – 1825) que duro 16 años, liderizados por el Comandante Eusebio Lira, Cnl. Juan Manuel Chinchilla, Gral. José Miguel García de la Lanza, Cnl Manuel Asensio Padilla, la Mcl. Juana Azurduy, el cura Ildefonso de las Muñecas, Eustaquio Méndez, Ignacio Warnes, José Antonio Álvarez de Arenales, Vicente Camargo, Miguel Betanzos, Francisco Uriondo, y otros héroes anónimos, quienes se constituyeron en nuestros primeros líderes del Ejército, que derrotaron y expulsaron al ejército realista del reino de España.

La Batalla de Suipacha (7 de Noviembre de 1810) donde nuestras tropas patriotas comandadas por Antonio Gonzales Balcarce derrotaron al Gral. José Córdova y Rojas aniquilando a un ejército realista de 800 soldados.

La Batalla de Aroma (14 de Noviembre de 1810) en la que por primera vez se empleo una organización de tipo militar, con el empleo de las tres armas clásicas de toda Fuerza Armada Terrestre; Caballería, Infantería y Artillería , fue el primer Ejército organizado en el Alto Perú con elemento criollo, al mando del Cnl. Esteban Arce y que derrotó al Comandante realista Francisco Piérola y a su ejército de más de 800 soldados, es considerada como el hito inicial o fecha de fundación del Ejército de Bolivia.

La Batalla de Tarvita (4 de Marzo de 1804) donde Manuel Asencio Padilla derrotó al Comandante español Benito López y a su ejército de 800 soldados, en esta batalla nuestro ejército utilizo en forma precursora los gases asfixiantes (cestos de ají) utilizados un siglo después en la Primera Guerra Mundial de 1914.

La Batalla de la Florida (25 de mayo de 1814) nuestro Ejército patriota a ordenes del Cnl. José Antonio de Arenales, Cnl. Ignacio Warnes, y el Comandante José Manuel Mercado eliminaron a 1.100 soldados realistas, comandados por el Coronel realista Joaquín Blanco, con toda su Artillería y Caballería.

La Batalla de la Tablada de Tolomosa (15 de abril de 1817) Los Comandantes del Republiqueta de Tarija Eustaquio Méndez y José María Avilés contribuyeron a la rendición realista en Tarija derrotando a las fuerzas realistas al mando del Coronel Mateo Ramírez dando muerte a 65 soldados, 2 oficiales y 40 prisioneros, con un patriota muerto, un portaestandarte y 3 soldados heridos.

La Batalla de Zepita (25 de agosto de 1823) el Mariscal Andrés de Santa Cruz Calahumana derrotó a 2.300 soldados realistas al mando del General Gerónimo Valdez.

Rechazo a la invasión del Brasil (28 de Marzo de 1825) El Brasil a través del Oficial brasilero Araujo e Silva y tres Regimientos pretendía la anexión al Brasil de la provincia de Chiquitos ni bien Bolivia comenzaba a consolidar su independencia, la misma fue intimidada y expulsada por el Coronel Pedro Blanco a cuya sola presencia el invasor huyo en retirada.

La Batalla de Tumusla (2 de Abril de 1825) donde Carlos Medinacelli derrotó en inferioridad numérica y militar al General Pedro Antonio Olañeta ya su ejército de 1.700 combatientes, culmino con ella la Guerra de la Independencia boliviana, tras 16 años de cruento enfrentamiento.

La Batalla de Yanacocha (13 de Agosto de 1835) donde el Marisca Andrés de Santa Cruz Calahumana derroto al ejército peruano al mando del Gral. Agustín Gamarra y a su ejército conformado por 4.000 soldados y 6.000 indígenas peruanos.

La Batalla de Socabaya (7 de febrero de 1836) donde el Mcl. Andrés de Santa Cruz venció a las tropas de General peruano Felipe Santiago Salaverry formado por nueve Batallones.

La Acción de Santa Bárbara (13 de Septiembre de 1837) en inmediaciones de la quebrada de Humahuaca el General Otto Felipe Braun venció a las tropas argentinas en las estribaciones del cerro Santa Bárbara.

Combate de Iruya (11 de Junio de 1838) fue la victoria del Coronel Timoteo Raña sobre los invasores de la División Argentina de más de 800 hombres que fue diezmada y capturada por nuestros compatriotas.

La Batalla de Montenegro (24 de junio de 1838) en esta batalla el Gral. Otto Felipe Braun secundado por los Generales Francisco Burdett O'Connor, Sebastián Ágreda y Timoteo Raña venció a dos Divisiones argentinas de 3.500 soldados, nuestro ejército en esta contienda empleo en forma predecesora en América medidas de distracción y engaño (vistió los cactus existentes en el terreno con uniformes militares) para derrotar al invasor.

Tratado Paucarpata ( 17 de Noviembre 1837) el Mariscal Andrés de Santa Cruz después de sitiar al ejército chileno en Arequipa y Puquina, perdono la vida al Almirante Blanco Encalada y a sus 2.810 soldados chilenos y peruanos que osaron invadir Bolivia con el rótulo de "Ejército Restaurador del Perú" en un gesto de magnanimidad y pacifismo boliviano, que después seria agradecido con perfidia y saña, típica de Chile que a través de su gobierno desconoció y anulo la rendición de su Ejército en Paucarpata después de huir humillado y vencido, alegando que el Blanco Encalada se había extralimitado en su atribuciones para firmar el perdón y súplica ante el Mariscal Santa Cruz, declarando al mes nuevamente la guerra a la confederación Perú Boliviana.

Combates de Huarina y Tiquina (16 y 17 de noviembre de 1841) las montoneras de Omasuyos y Larecaja al mando del Gobernador de Omasuyos Antonio Acosta derrotaron a las tropas peruanas del Cnl. Motoya.

Batalla de Ingavi (18 de Noviembre de 1841) El Mariscal José Ballivián derrotó al General peruano Agustín Gamarra a quien dio muerte en batalla y derroto a su ejército de 5.265 soldados, con un ejército numéricamente inferior de 3.782 bolivianos.

Invasión del Ejército Boliviano al Perú (7 de enero de 1842) nuestro Ejército victorioso invadió el Perú haciendo su entrada triunfal a Puno al mando del Mariscal José Ballivián y termino con el "Tratado de Puno" en el cual Bolivia renunciaba a toda reclamación por indemnizaciones de guerra y restablecía la paz y amistad inalterables con el Perú, comprometiéndose a retira sus tropas sin pedir nada a cambio, reconociendo a un pueblo tan ligado racial y culturalmente a Bolivia.

GUERRA DEL PACÍFICO.

Combate de Canchas Blancas (10 de noviembre de 1879) un centro minero de gran importancia y paso obligado para cruzar el desierto de Lípez rumbo al Litoral, donde el Coronel Lino Morales al mando de tropas diezmadas de los batallones Chorolque, Ayacucho, Méndez y cerca de 50 indígenas armados de warakas, cuchillos y machetes, elimino a la Caballería chilena, junto con su Infantería y varias piezas de Artillería con machetes y cuchillos en mano.

Combate de Tambillos (5 de Diciembre de 1979) el Coronel Rufino Carrasco al mando del Escuadrón "Francotiradores" compuesto por voluntarios chicheños, portando sus propias armas de caza y montando sus propios caballos derrotó al ejército chileno de más de 600 hombres, huyendo el resto desesperadamente hacia Calama ante la arremetida boliviana.

GUERRA DEL ACRE.

Primera Campaña (Mayo de 1889 - Enero 1891) En toda la primera Campana de esta guerra nuestro Ejército derrotó al los revolucionarios apoyados por el Ejército brasilero en su totalidad.

Combate de Cajuerio (5 de Diciembre de 1900) el Ejército Comandado por el Vice Presidente de Bolivia el Cnl. Lucio Pérez Velasco, derroto a las tropas brasileras.

Combate de Riosinho (12 de Diciembre de 1900) El Ejército boliviano comando por el Cnl. Ismael Montes y 300 soldados, derrotó al ejército brasilero compuesto por 500 hombres, gracia a la alerta lanzada por el centinela Maximiliano Paredes.

Combate de Puerto Alonso (24 de Diciembre de 1900) nuestras tropas comandadas por el Coronel Lucio Pérez Velasco , Tcnl. Fernández Molina y Tcnl. Salazar y sus 217 soldados aislados y sitiados derrotaron a las tropas brasileras en inferioridad de condiciones a un ejército invasor de más de 400 soldados brasileros y superior en medios.

Combate de Bagé (29 de Diciembre de 1900) las tropas del Ejército del Brasil fueron derrotadas por el Cnl. Ismael Montes y 272 Soldados del Regimiento 2º de Línea, obligando a firmar la capitulación del Brasil a través del Comandante brasilero del vapor "Rios Affua", dando por finalizada la Guerra del Acre, que años después seria desconocida por el Brasil.

Segunda Campaña (agosto de 1902 – abril de 1903)

Combate de Bahía (10 de Octubre de 1902) la "Columna Porvenir" comandada por el Capitán Federico Román derroto al jefe Brasilero Galdino Marinho y a sus 250 hombres en la Barraca Bahia.

GUERRA DEL CHACO.

Batalla de Fortín Corrales y Toledo (27 de julio de 1932) las tropas bolivianas al mando del Cnl. Enrique Peñaranda y 300 soldados derrotaron y expulsaron a las tropas paraguayas.

Batalla de Fortín Boquerón (9 al 20 de septiembre de 1932) el Tcnl. Manuel Marzana al mando de 448 soldados bolivianos rechazaron y resistieron el ataque paraguayo durante 20 días, de 11.000 soldados paraguayos, ocasionándoles mas de 3.000 muertos, frente a 150 bajas nuestras.

Batalla de Kilometro Siete (7 de noviembre de 1932) El Mcl. Bernardino Bilbao Rioja derrotó a las tropas del Mcl. José Félix Estigarribia Insaurralde dando fin a la ofensiva paraguaya.

Reconquista de los Fortines Platanillos y Loa (12 de diciembre de 1932) el General Julio Sanjinés al mando de la 8ª División, compuesta por los Regimientos ""Colorados"" y ""Paucarpata"", un Escuadrón y una Batería de Montaña, sometió al ejército paraguayo recuperando el Fortín Platanillos y Fortín Loa.

Reconquista de Alihuata (13 de marzo de 1933) la 9ª División del Ejército boliviano reconquisto Alihuata al mando del Coronel Victorino Gutierrez, derrotando a las tropas paraguayas al mando del Tcnl. Carlos Fernández y del Capitán ruso Boris Kassianoff, ex oficial de los ejércitos del Zar Nicolás II.

Batalla de Campo Jordán (10 de marzo 1933) el Coronel Enrique Peñaranda venció al Ejército del Paraguay conformado por 3.000 soldados al mando del Coronel Carlos José Fernández. Esta victoria cortó la ruta de suministros paraguaya Arce-Alihuatá-Saavedra.

Batalla de Cañada Strongest. (10 y el 25 de mayo de 1934) El Coronel Francisco Barros, Comandante de la 9.ª División boliviana derroto a la 2ª y 7ª Divisiones paraguayas, capturando su Comandante el Capitán paraguayo Joel Estigarribia, 67 oficiales y 1389 soldados paraguayos (más de la mitad de los que capturarían Bolivia en toda la guerra).

Batalla de Villamontes (13 de febrero de 1935) Los Coroneles Bernardino Bilbao Rioja y Oscar Moscoso derrotaron en las estribaciones de la Serranía del Aguarangue al ejército paraguayo de 5.000 soldados comandados por el General José Félix Estigarribia.

Es pertinente remembrar aquellas guerras internacionales en las que combatimos solos ante alianzas mezquinas y traidoras e interese internacionales, como, las dos INVASIONES DEL PERÚ con la alianza del Ejército Restaurador del Perú y el Ejército de Chile; con la ARGENTINA mediante la guerra declarada a nuestro país con la llamada Confederación Argentina dirigida por Juan Manuel de Rosas; LA GUERRA DEL PACÍFICO contra Chile y los intereses deInglaterra, LA GUERRA DEL ACRE contra el Brasil y los interese transnacionales de la goma y la castaña, LA GUERRA DEL CHACO contra el Paraguay, y el apoyo furtivo de la Argentina y Chile, las GUERRILLAS de ÑANCAHUAZÚ y TEOPONTE, demostrando que jamás como estado necesitamos ayuda de potencias extrajeras, a la par de las naciones que nos rodean, para batirnos contra enemigos numéricamente superiores en medios y hombres, esa es nuestra estirpe, nuestra mística guerrera de la que hoy, mañana y siempre sentimos y sentiremos orgullo.

V.- FUNDAMENTOS FILOSÓFICOS.

LA FILOSOFÍA DE UNA DOCTRINA PRESUPONE UN VÍNCULO AFECTIVO Y VITAL ENTRE EL PENSAMIENTO Y LA ACCIÓN, ORIENTANDO LA CONDUCTA DE CADA UNO DE SUS INTEGRANTES CONFORME A LOS POSTULADOS PARTICULARES DE DICHA DOCTRINA, acepción del concepto que busca alcanzar nuestro Ejército, siendo la mejor manera para entender y explicar nuestra forma de actuar individual y colectivamente como integrantes del Ejército, en su dimensión de Institución fundamental y permanente del Estado, quedando claro que la filosofía en nuestro Ejército se concreta con el pensamiento del "Vivir Bien".

1.- Fundamentos Filosóficos Ancestrales.

Desde la visión cósmica ancestral, se entiende al mundo a partir de la comprensión de la existencia de dos fuerzas, dos energías, una cósmica y otra telúrica; dos fuerzas convergentes en el proceso de vida, que generan las diferentes formas de existencia espiritual y que se relacionan a través de la complementariedad.

2.- Fundamentos Filosóficos de la Guerra de la Independencia.

Se resalta la asimétrica lucha independentista, una pequeña guerra practicada por muchos ejércitos regulares, que se convirtió en un conflicto bélico de carácter ideológico popular que ocupa el primer plano del escenario en muchos conflictos contemporáneos, como ejemplo real de la invención del conflicto no convencional o guerra de guerrillas moderna, desarrollada en el periodo comprendido entre los años de 1810 a 1825 entre España y América, de la cual las tropas de Ayopaya y Sica Sica ofrecen uno de los mejores modelos de este sistema de combate asimétrico.

La Guerra de la Independencia, engendrada como una reacción natural ante el abuso y el avasallamiento de nuestros derechos y libertades, forjó los cimientos de una nueva forma de lucha, esencialmente victoriosa y triunfalista, con una organización regular expresada en la participación de nuestro Ejército en diferentes acciones militares con frentes definidos tomando como ejemplo la gloriosa Batalla de Aroma de 1810 y otra no convencional expresada por las diferentes Republiquetas independentistas.

3.- Fundamentos Filosóficos Institucionales.

  • a. Defensa y Seguridad del Estado.

  • b. Garantizar la Paz.

  • c. Participación en el Desarrollo.

  • d. Servicio incondicional a la Patria.

  • e. Internalizar valores éticos, morales y espirituales.

  • f. Garantizar la identidad y conciencia plurinacional.

Nuestro Ejército está sustentado por una filosofía propia, con valores éticos, morales y espirituales propios de nuestra sociedad, lo que le otorga no sólo legitimidad sino que además, asegura la unión de principios con la comunidad a la que pertenecemos. El Ejército está formado por bolivianos cuyo único signo distintivo y diferente, lo constituye su decisión de haber escogido vocacionalmente como forma de vida, la Defensa de la Patria a través de la carrera de las armas.

De esta forma su filosofía está presente en el concepto y la acción, en la Paz y en la Guerra, en el normal desenvolvimiento de la vida diaria y en situaciones de crisis. Como tal, es la señal que guía por el camino correcto y permite que una Institución integrada por miles de personas, actúe en forma coherente y disciplinada, poniendo al servicio sus vocaciones y subordinando sus propios intereses en beneficio del Estado Plurinacional de Bolivia.

VI.- FUNDAMENTOS GEOPOLÍTICOS.

La nueva visión geopolítica de Bolivia, sobreviene de nuestra  integración regionalrespecto de la realidad, del hegemonismo  imperialista y colonial frente a la herencia de la cultura individual, fuera de la integración regional, que se sostuvo con gran costo, propio del avance aislado. En este sentido, tenemos que maniobrar en función a nuestros objetivos e intereses nacionales garantizando el cumplimento de los siguientes fundamentos geopolíticos:

  • A.- Defender la soberanía e integridad del territorio plurinacional.

  • B.- Garantizar la seguridad y dominio terrestre.

  • C.- Asegurar la vertebración del territorio.

  • D.- Ocupar, proteger y apoyar el desarrollo de las fronteras del Estado.

  • E.- Proteger las áreas y centros vitales del país.

CAPÍTULO II

Antecedentes históricos

I.- CULTURA TIAHUANACOTA Y COLLA.

En la altiplanicie existente en los Andes de Sudamérica muy cerca del imponente Lago Titicaca, se erigió uno de los pueblos que constituiría las simientes del primer prodigio societal en esta parte del continente, y posiblemente una de las más antiguas e influyentes; Tiahuanaco, la cultura más longeva del área andina.

Coinciden muchos historiadores en afirmar que la cultura tiahuanacota estuvo conformada por un Estado teocrático que no utilizó la fuerza militar en sus conquistas territoriales. Hacia los años 400 y 500 d.C. los tiahuanacotas refuerzan su poder religioso concentrando el culto en la ciudad de Tiahuanaco, ampliando su dominio territorial hacia la costa por occidente y el bosque tropical por el oriente.

Si bien es poco lo existente sobre la expansión militar del pueblo tiahuanacota, uno de los vestigios más valederos son las representaciones realizadas en su cerámica y arquitectura, una de ellas, es la escultura lítica del Chacha Puma, que se encuentra enmarcada en el concepto jerárquico, por el tamaño que ostenta esta imagen, representa al arquetipo celestial y al patrono de los guerreros, al oficial castrense victorioso y triunfador por excelencia.

Denota a un ser humano enmascarado con careta de felino, las orejas en posición ofensiva, porta un arma en una mano y con la otra agarra la cabeza cercenada de un enemigo como trofeo. Esta imagen, normalmente aparece postrada, lo que significa que en la escala de valores dicha deidad no era suprema, por el signo de sumisión, de lo que análogamente inferimos que para esta cultura el poder militar se encontraba subordinado.

La expansión tiahuanacota se debió gracias al dominio del bronce que le permitió una gran superioridad militar, esta se evidencia por la difusión de los símbolos y elementos que aparecen en la cerámica y los textiles de todo el ámbito físicamente ocupado, el norte de Chile y de Argentina, deja su huella también en los valles de Cochabamba y avanza por el norte hasta Moquegua en el Perú, donde contactan con la cultura Huari, pueblo con el que practicaron un intensocomercio. En el siglo XII, Tiahuanaco colapsa y es en esta misma región donde florece otra recia cultura, denominada aimara o reinos collas.

A mediados del siglo XV, el reinado Colla conservaba un extenso territorio con su capital Hatun - Colla, periodo donde el Inca Viracocha con el propósito de incorporar esta región a su dominio incursionó en la zona; sin embargo, la reticencia de estos pueblos evitó ese objetivo y fue recién hasta la llegada del noveno Inca Pachacútec que se logró su conquista.

Así como al norte se encontraban los collas, al sur estaba la Confederación Charca que tenía dos grupos: Los Carangas y Quillacas en torno al lago Poopó, y los Charcas que ocupaban el norte de Potosí y parte de Cochabamba. Ambos, Charcas y Collas eran de habla aimara.

Los incas tuvieron una gran influencia de los aimaras por algún tiempo, ya que su arquitectura, por la cual son muy conocidos, fue claramente modificada sobre el estilo Tiahuanacota; estos pueblos collas, lograron conservar cierto grado de autonomía bajo el Imperio Inca, que les permitió como a ningún otro pueblo mantener su idioma y costumbres. Fueron frecuentes sus rebeliones, aspecto por el que su población se redujo ostensiblemente, sin embargo durante el Imperio Inca, eran el principal pueblo del Collasuyo, ocupando todo el oeste de Bolivia, sur de Perú y norte de Chile.

La indocilidad del pueblo aimara revela el carácter y naturaleza misma de su gente, renuente a ser gobernada o dominada por otros pueblos y con un claro concepto de seguridad y defensa que les permitió pese a las adversidades históricas manifestar su espíritu indómito y luchar permanentemente por sus derechos.

II.- EL IMPERIO INCAICO.

Si bien, el origen del Imperio incaico tiene diferentes versiones, la más aceptable y difundida, es que este se originó en las tierras altas de los Andes y que emergió del Lago Sagrado "Titicaca", el Imperio incaico no tiene nacionalidad, es tan nuestro, como de Perú o Ecuador y una prueba fehaciente que afirma la tesis del origen de esta cultura, es la gran influencia tihuanacota sobre su arquitectura, escultura, cerámica y textiles; otra razón, es que este vasto Imperio tuvo su centro de gravedad en una de sus provincias más importantes, el Collasuyo, que se extendía por todo nuestro actual territorio.

Los incas crearon un Imperio tan grande gracias a una magnífica organización. El Imperio llamado Tahuantinsuyo, estaba dividido en provincias gobernadas por grandes señores. Las ciudades de estas provincias se comunicaban por una amplísima red de carreteras y por un servicio de correos que garantizaba la unidad y seguridad del Imperio.

El sistema de defensa y seguridad de los incas innovaba para la defensa de sus ciudades la construcción de grandes fortalezas de piedra (Pucaras), las cuales eran dispuestas en profundidad y en forma perimétrica.

La creatividad y el ingenio de los incas, les llevó a crear los denominados Mitimaes, que consistía en una migración al interior del Estado enviando grandes contingentes de habitantes desde el interior del Imperio hacia las nuevas tierras y pueblos conquistados, y de manera inversa, trasladaban los contingentes de los pueblos conquistados hacia territorios del interior, lo que aseguraba una homogenización lenta pero efectiva de idioma y cultura, con raras excepciones, de esta manera el Incario extendió sus dominios al Ecuador en el norte, al Perú en el oeste, al norte chileno y al norte argentino en el sur; y al este hasta el actual departamento de Santa Cruz.

Debido al hecho de disponer de un Ejército bien organizado y mejor entrenado, la seguridad y defensa del territorio y sus habitantes estaba garantizada, ofreciendo una amplia garantía para que el Jefe del Estado (El Inca) pueda ejercer su mandato sin perturbaciones.

La organización estatal, en el campo de seguridad y defensa, permitía:

La metodología de la conquista Inca, consistía inicialmente en un acercamiento mediante medios pacíficos a otras etnias, pero como muchas veces fracasaba aquella conquista pacífica, entonces se usaba la fuerza disuasiva de un Ejército únicamente conformado por Infantería, compuesto por efectivos organizados en dos sectores, uno permanente y otro flotante. El sector permanente estaba integrado por los miembros de la más rancia aristocracia incaica y cuzqueña, era la élite y constituía el alto comando; era la casta guerrera permanente y profesional con luchadores de diversas jerarquías y grados. Este Ejército era el que permanecía en las guarniciones fronterizas, lo integraban también los orejones (Rinriyocauki) que en tiempos de paz protegían la ciudad del Cuzco y en tiempo de guerra eran la guardia del Inca o se les empleaba en misiones especiales. Los soldados de la élite gozaban de grandes privilegios. Fue en realidad en este grupo o casta donde cobró más auge la práctica combativa y donde se llegó a desarrollar un alto sistema de entrenamiento y combate militar.

El sector flotante se componía de agricultores entre 18 y 50 años convocados a cumplir su Mita o Servicio Militar Obligatorio. Los pueblos incorporados no estaban exonerados de esta mita militar, pues los mismos formaban parte del Ejército Inca, el cual junto a sus tradiciones bélicas aprovechaba muy bien sus experiencias.

 Toda la población ingresaba al Ejército por turnos, de manera que en el ámbito de la tropa se percibía una movilidad intensa y fluida, porque mientras unos eran enrolados, otros eran licenciados y retornaban a sus Ayllus. Así toda la población masculina se encontraba preparada y lista para la movilización inmediata. Este Ejército fue constituido por agrupaciones correspondientes a cada provincia con efectivos variables según la densidad de su población.

En todos estos datos y de acuerdo a las exitosas campañas libradas se revela la aplicación de una verdadera ciencia militar, de avanzadísima técnica en el arte de la guerra, la que se conseguía paulatinamente mediante una exigente selección inicial de hombres que estaba a cargo del Tucuy-Ricuy (el que todo lo ve), fundamentalmente en la ceremonia del Huarachico, en la que los postulantes eran sometidos a durísimas pruebas; el guerrero Inca, adquiría así recia contextura.

III.- LAS CULTURAS DEL ORIENTE.

Paralelamente a las anteriores, en las selvas y llanos amazónicos vivían pueblos a los cuales el incario jamás pudo someter, estos fueron los verdaderos dueños de las tierras bajas de nuestro territorio, los incas los denominaron Chiriguanos posiblemente debido a la deformación lingüística de chiri - frío y wañuq - mueren (los que mueren de frio), estos pueblos de raíces guaraníes fueron definitivamente el freno para que los incas no logren expandir su Imperio siendo irreductibles militarmente a los incas y lo siguieron para españoles y posteriormente a las fuerzas militares de la nueva República.

A partir del siglo XIII, grupos de pueblos de linaje Tupí Guaraní avanzaron desde la Amazonía hacia el sur y el oeste en un movimiento migratorio en busca de mejores tierras, guiados por una racionalidad principalmente económica comunitaria.

Los valerosos Querembas, guerreros guaraníes, defendieron su tierra con ferocidad durante varios siglos. Estos guerreros guaraníes, hicieron retroceder a las tropas del Imperio Incaico; resistieron a los españoles durante todo el período de conquista y la mayor parte de la Colonia, posteriormente enfrentaron al Ejército de la nueva República.

La "Cordillera" se convirtió en una frontera casi mítica dentro la geografía nacional.

El Inca Yupanqui, fue el primero que intentó conquistar las tierras de los guaraníes de la Cordillera sin ningún éxito. El sucesor Inca Huayna Cápaq padeció continuas arremetidas de los Tupi Guaraníes, quienes llegaron hasta regiones próximas a Tarabuco.

Ante las embestidas de los guerreros guaraníes, el incario debió construir fortalezas en las fronteras de su Estado, con el territorio Guaraní - Cordillerano: Incallajta y Mizque (Cochabamba); Samaipata (Santa Cruz); Pulkina (Vallegrande); Tomina (Chuquisaca); Cuzcotoro o Inkawasi (actual límite entre Chuquisaca y Santa Cruz, ubicado dentro de la Cordillera) y Pilcomayo (actual límite entre Chuquisaca y Tarija).

Entre los siglos XV y XVI, se produjo una fusión de las etnias cuando los pueblos guaraníes sometieron a la etnia de linaje Arawak de los Chané, establecida anteriormente en el Chaco Boreal y norte del Chaco Central, de este modo la población Chané fue esclavizada por guerreros guaraníes que se emparejaron con mujeres chanés.

Esta mezcla de etnias, sintetizó rasgos culturales, de los Chané que derivó en un modo de vida sedentario y gran parte de la cestería y la cerámica chiriguana; mientras que los guaraníes impusieron su idioma, sus creencias y el sistema de organización social, así como las prácticas principalmente de guerra, caza y pesca.

Al momento de la llegada de los españoles en el siglo XVI, los chiriguanos ocupaban las cabeceras de los ríos Pilcomayo y Guapay, se encontraban en estado de guerra principalmente con los aimaras y quechuas.

La audacia de los pueblos denominados Chiriguanos les obligó a vivir permanentemente en estado de guerra, durante la Colonia y la República, fueron constantemente perseguidos y expulsados de sus territorios. En la Colonia se manifiesta mediante continuas entradas fallidas de los militares españoles ya que siempre tropezaban con la respuesta de los aguerridos indígenas. La guerra contra los Chiriguanos, comenzó a implementarse metódicamente bajo la dominación del Virrey Toledo, que en 1574, planificó y dirigió las acciones punitivas de eliminación de los Chiriguanos, en la que los españoles fueron derrotados. En este periodo, se produjeron un total de dieciocho grandes sublevaciones, siete denominados "castigos" españoles a los Chiriguanos.

Durante la Guerra de la Independencia, los guerreros chiriguanos denominados Querembas participaron alistándose en el Ejército del Norte al mando del General Manuel Belgrano y también con los grupos guerrilleros de la Republiqueta de La Laguna al mando de Manuel Ascencio Padilla y de Juana Azurduy, destacándose el cacique Cumbay, quien sostuvo combates con los ejércitos realistas.

En la segunda mitad del siglo XIX la expansión de la colonización por parte de la República acentuó el proceso de reducción en misiones, aunque algunos plantearon una tenaz resistencia produciéndose tres guerras generalizadas de las cuales la última fue la de Kuruyuki en 1892, donde los Chiriguanos una vez más se batieron en forma heroica en una lucha ampliamente asimétrica.

IV.- LA COLONIZACIÓN ESPAÑOLA.

El sistema de seguridad y defensa en la Colonia, se alimentó de los criollos y mestizos, fuente principal de recursos humanos para la formación de las unidades de milicias del Rey, a las que muchas veces se incorporaban de forma forzada masas de indígenas. Estás milicias crecían cada vez en cantidad e importancia y se encontraban organizadas básicamente para hacer frente a dos amenazas, la primera, las invasiones de los portugueses en el oriente, y la segunda los recurrentes levantamientos y motines generalmente indígenas a consecuencia del abuso de la mita y la más peligrosa de éstas, las invasiones de los Chiriguanos que asediaron varias ciudades, inclusive hasta las proximidades de Chuquisaca y Santa Cruz.

Los instintos guerreros de la población que habitaba en el Alto Perú, despertaron por la injusticia, desigualdad y abuso de la hegemonía española; una primera muestra de aquello, se dio en la Guerra Civil protagonizada entre los Vascongados y Vicuñas, cuya principal motivación fue de carácter económico.

Después de más de un siglo del sometimiento español, fueron hombres como Alejo Calatayud que en 1730 dio inicio al primer levantamiento en contra del régimen español al mando de tres mil hombres entre indios, mestizos y criollos, se sublevaron enarbolando las banderas coloradas, contra el poder arbitrario de la corona española. Esta revuelta, trajo consigo la instauración de un nuevo régimen denominado "Gobierno de Criollos" que traicionaría la causa y acabaría con la vida de este patriota.

El levantamiento indígena de 1781, es uno de los más notables y el de mayor trascendencia. Una pareja altiplánica proveniente de la localidad de Ayo Ayo con el apoyo de 15.000 indígenas, empezó a sitiar la ciudad de La Paz ocupando la totalidad de las laderas; poco a poco este levantamiento logró el apoyo de hasta 70.000 indígenas; el cerco tuvo una duración total de 182 jornadas de lucha contra las huestes realistas provenientes de Lima que intentaron romperlo, al término de esta hazaña los esposos sublevados Julián Apaza (Tupac Katari) y Bartolina Sisa, consiguieron mantener el espíritu de lucha pese a los contrastes y al sacrificio de sus propias vidas en aras de la libertad.

Las experiencias de este acontecimiento, revelan la forma inventada de lucha por laxitud y agotamiento definido por los indígenas, improvisando un sistema logístico de aprovisionamiento que se constituye en toda una hazaña militar para la época.

Los líderes indígenas, fueron los primeros revolucionarios en sufrir el santoral que se alargaría en la emancipación del Alto Perú. Su sacrificio no sería vano, ya que esto motivó la organización de numerosas milicias patriotas alimentadas de un mayor volumen de contingentes de mestizos y criollos, que serían la base para la formación de los ejércitos en América Latina años más tarde.

Frente a estos irrefutables hechos, corresponde en un acto de justicia, reivindicar la figura histórica de muchas mujeres y hombres, particularmente de extracción indígena, que ofrecieron todo de sí en busca de la ansiada libertad; el Ejército del actual Estado Plurinacional de Bolivia, debe asumir el reto de reescribir la historia y difundirla no solo en sus Unidades e Institutos Militares, sino más bien irradiarla a toda la población en su conjunto.

V.- LA GUERRA DE LA INDEPENDENCIA.

Toda coyuntura política aguda genera crisis, y las crisis, oportunidades. La Guerra de la Independencia, surge en nuestro continente, como escribe en su Libro Charles W. Andrade "Dramática Insurgencia de Bolivia", con una "careta y una "cara", la careta manifestada en la Revolución del 25 de mayo de 1809 en Charcas, en la que se preconizaba el apoyo incondicional de la lealtad de las colonias al Rey preso Fernando VII (excusa que sirvió a los radicales de la Academia Carolina para llevar a cabo la revuelta y propagarla por todo el territorio de la Audiencia de Charcas) y la cara, con el manifiesto de las intenciones de autogobierno en la revolución de La Paz de 1809 mediante la creación de la Junta Tuitiva. Es justamente la "cara" la que ocasiona la respuesta militar por parte de un Ejército realista principalmente conformado por criollos y mestizos al servicio del Virrey de Lima.

Estos hechos que tienen su origen en lo que hoy es nuestro territorio, tuvieron fuerte influencia en la revolución del 25 de mayo de 1810 y en la creación de la Primera Junta de Gobierno de las Provincias Unidas del Río de La Plata, en las que participaron los representantes de las provincias alto peruanas dependientes por ese entonces del recién extinto Virreinato de La Plata.

Inspirados en los levantamientos indígenas, Pedro Ignacio Muiba, cacique trinitario, encabezó una rebelión el 10 de noviembre de 1810 y estableció el gobierno indígena en Trinidad y Loreto a la cabeza del cacique José Bopi, hasta mediados de enero del siguiente año, circunstancia en que la contrarrevolución, ayudada por otras etnias se impuso, produciéndose una masacre de 120 personas entre niños, mujeres y hombres, y la decapitación del caudillo.

Después de la incursión del Primer Ejército Auxiliar, se formaron varias guerrillas en el territorio alto peruano que respondieron a una doble necesidad estratégica, la primera impedir, bloquear y desorganizar a las fuerzas realistas provenientes desde el Virreinato de Lima, específicamente de Puno, Cuzco, Arequipa y Lima; la segunda, facilitar el ingreso al Alto Perú de los Ejércitos de las Provincias Unidas del Río de La Plata.

La formación de las guerrillas en el Alto Perú, surgió por la necesidad de apoyar la decisión política con medios coercitivos. La primera guerrilla, según Charles Andrade, fue la comandada por Manuel Ascencio Padilla y Doña Juana Azurduy en los territorios de La Laguna, la segunda sin duda fue la del Cnl. Arenales en los territorios de Mizque y Vallegrande.

De manera general desde 1810 hasta 1816, se formaron diferentes resistencias guerrilleras denominadas más tarde por Bartolomé Mitre como Republiquetas, las cuales tenían el siguiente dispositivo:

La Republiqueta de Larecaja, comandada por el padre Ildefonso de las Muñecas que bloqueaba las comunicaciones desde el Virreinato de Lima hacia la Audiencia de Charcas en el sector del Lago Titicaca, evitando el ingreso de tropas realistas provenientes de Lima, Puno, Cuzco y Arequipa.

La Republiqueta del Cinti, comandada por Vicente Camargo que hostigaba Cotagaita, fortaleza realista que protegía Potosí, con el propósito de debilitar las fuerzas en este territorio y posibilitar el ingreso de los Ejércitos de las Provincias Unidas del Río de La Plata hacia Charcas.

La Republiqueta de La Laguna ubicada entre los ríos Grande y Pilcomayo, comandada por los esposos Padilla que aislaba Charcas y conservaba la ruta abierta desde Buenos Aires para los ejércitos auxiliares argentinos.

La Republiqueta de Moxos o Santa Cruz, ubicada en el Este, fue la de menor importancia estratégica pero la más extensa, comandada por el Cnl. Ignacio Warnes, que tenía la tarea de proteger el flanco Este de las demás Republiquetas, constituyéndose en asilo de escape y retirada cuando las otras eran derrotadas.

La Republiqueta de Mizque y Vallegrande, al mando del Cnl. Juan Manuel Álvarez de Arenales, que amenazaba y bloqueaba los caminos que conectaban Cochabamba, Chuquisaca y Santa Cruz, evitando la progresión de tropas realistas libres de interferencia hacia esas ciudades.

La Republiqueta de Ayopaya, ubicada en el centro montañoso de la Cordillera Andina, que estuvo comandada por Eusebio Lira, José Chinchilla y finalmente por José Miguel Lanza, controlaba los caminos de los centros mineros de La Paz, Oruro y Cochabamba con el propósito de interferir el movimiento de tropas realistas y el comercio desde los yungas y valles hacia las ciudades.

La Republiqueta de Chayanta, cuya intervención fue intermitente y estuvo al mando de varios comandantes. Cuando se encontraba activa controlaba los caminos de Potosí, Oruro, Chuquisaca y Cochabamba, su propósito fue dificultar e interrumpir las comunicaciones. Al estar encajonada en su sector de responsabilidad no contaba con vías de escape como las anteriores que se refugiaban en la jurisdicción de Ignacio Warnes.

Existieron otras facciones montoneras o guerrilleras, como las de Eustaquio Méndez, Francisco Uriondo, Manuel Rojas, que también contribuyeron al proyecto independentista.

Este espléndido dispositivo, no fue creado al azar de la situación o la libre determinación de los líderes de las Republiquetas, sino que fue dirigida por los jefes de los ejércitos auxiliares, José Castelli, Belgrano y Rondeau, aunque dicho vínculo fue cada vez más débil a partir del año 1816, en el que las Provincias Unidas del Río de La Plata, dejaron al olvido estas tierras por las guerras internas suscitadas a consecuencia del unitarismo y el federalismo en el que se debatían.

Los denominados ejércitos del norte o ejércitos auxiliares, llegaron al Alto Perú desde Buenos Aires a partir de 1810 hasta 1816 con el objetivo de controlar la región frente al avance de las tropas realistas y de consolidar el dominio de la Junta de Gobierno de las Provincias Unidas del Río de La Plata, pero los abusos que cometieron y su poco éxito militar contribuyeron a que la población apoyase la idea de su propia independencia.

Una muestra de aquello es la carta del guerrillero Manuel Ascencio Padilla al Coronel Rondeau Jefe del Tercer Ejército Auxiliar "En oficio de 7 del presente mes, ordena V.S. hostilice al enemigo de quien ha sufrido una derrota vergonzosa; lo haré como he acostumbrado en más de 5 años por amor a la independencia, que es la que defiende el Alto Perú, donde los alto peruanos privados de sus propios recursos no han descansado en seis años de desgracias [...] con otros millones de insultos que han sufrido en general todos los pueblos; desde el primer mandatario hasta el último cadete de Buenos Aires no han podido mudar el carácter honrado y sufrido de los alto peruanos; nosotros amamos de corazón nuestro suelo; y de corazón aborrecemos una dominación extranjera, queremos el bien de nuestra nación, nuestra independencia y despreciamos el distintivo de empleos y mandos."

Las Republiquetas se convirtieron en la mayor amenaza para los intereses realistas, hasta que en el año 1816, caen en batalla las Republiquetas comandadas por Muñecas, Camargo, los esposos Padilla, Warnes y Arenales, este último al verse amenazado huye hacia Buenos Aires. Solo una de las más importantes permanece perecedera después de 15 años de combate, la Republiqueta de Ayopaya al mando del Gral. José Miguel Lanza, conocido como el Pelayo Boliviano.

Si bien la Republiqueta de Ayopaya en sus inicios estaba formada por pequeños grupos de rebeldes a caballo, con uno que otro fusil, a medida que se van desarrollando las acciones y con los éxitos iníciales, la guerrilla fue ganando apoyo de las masas indígenas que se van sumando al movimiento guerrillero de forma escalonada, es en este marco que los comandantes ven la imperiosa necesidad de planificar, preparar e impartir la instrucción a los nuevos efectivos.

La táctica de combate de la guerrilla, fue implementada por ellos mismos en base a sus experiencias, se servía inicialmente de la formación de "guerrilla" es decir, de pequeños grupos de hombres a caballo que se adelantaban como exploradores y trataban de desorganizar las filas del enemigo antes de la batalla. Asimismo, un factor importante fue ocupar las alturas y ubicar a los indígenas para que apoyen el combate con hondas. El comandante empleaba sus pocos fusiles divididos en tres grupos, los mismos que eran apoyados por la masa indígena que podía combatir a distancia (hondas), y los que combatían cuerpo a cuerpo (lanceros).

Por otro lado la rapidez de la Caballería impedía al adversario utilizar sus armas de fuego. Siempre se mantenía una fuerza de reserva igual en efectivos a las fuerzas comprometidas en la batalla, lo que les permitía enfrentar la posibilidad de un encuentro prolongado.

El verdadero valor de la participación indígena en la lucha por la independencia, se manifiesta precisamente en el apoyo permanente en los diferentes campos de la conducción, ellos efectuaban tareas de inteligencia obteniendo y proporcionando información sobre los movimientos realistas, proporcionaban el apoyo logístico, cediendo el excedente de su producción agrícola para la manutención de la guerrilla, proporcionaban albergue y refugio, convertían sus aldeas en verdaderas maestranzas y en cuarteles de invierno, pero sin duda el aporte más grande de los indígenas, fue cuando estos eran empleados como grupo de choque que acortando distancias llegaban hasta el combate cuerpo a cuerpo, donde la ventaja armamentística se reducía a nada más que al valor y la fortaleza, característica natural de la sangre indígena.

El fin de las operaciones de la Republiqueta de Ayopaya, se encuentra antecedida por algunos sucesos, a la llegada de José Miguel Lanza de Buenos Aires en 1821, la Republiqueta de Ayopaya fue reorganizada en diferentes facetas, se logra uniformar a la guerrilla, se incrementa la instrucción y los ejercicios militares, se establecen normas de conducta y clemencia, se imparte una formación teórica, y sobre todo se ejerce una recia disciplina. Estos aspectos nos permiten inferir que empieza a existir una conversión de la guerrilla a Ejército, que se pone a prueba en la toma de Irupana en Abril de 1822. El por entonces Coronel José Miguel Lanza asciende al grado de General de Brigada otorgado por el Gral. Andrés de Santa Cruz, un mes más tarde, en las acciones de Falsuri, la montonera del General José Miguel Lanza se denomina, División "AGUERRIDOS".

Al enterarse de la victoria del Gral. Sucre en la Batalla de "Ayacucho", Lanza se pone en contacto mediante dos misivas, en una se coloca a sus órdenes y en otra se destaca como el principal líder y coordinador de las acciones en contra de los realistas del Alto Perú, así gana tiempo para ocupar la ciudad de La Paz y autoproclamarse como Presidente y Comandante General del Departamento antes de la llegada del Ejército de la Gran Colombia, el 25 de enero de 1825. Los "Aguerridos" del Gral. Lanza, fueron declarados como Cuerpo de Línea, con la denominación de "Batallón de Infantería 1ro. de Línea" (actualmente conocido como RI-1 "Colorados de Bolivia"), un 13 de enero de 1826, por el Mariscal Antonio José de Sucre, siendo la Unidad base para la creación de la Fuerza Armada de la nueva República.

El historiador británico Jhon Lynch en su Libro "Las Revoluciones Hispanoamericanas 1808 - 1826", se refiere al Alto Perú como: "Esta esquina montañosa del mundo hispánico estaba hecha por la naturaleza para la guerra irregular".

El Ejército de Bolivia, nace oficialmente el 14 de Noviembre de 1810, en los campos de Aroma siendo ésta la primera victoria de las fuerzas emancipadoras de América, donde intervienen las armas de Infantería, Artillería y Caballería; posteriormente a esta batalla se suscitaron otras, donde el Ejército no cesaría un instante en su accionar liberador durante dieciséis años que demandó la lucha emancipadora de los pueblos del Alto Perú, hasta ver coronado sus esfuerzos en la Batalla de la quebrada de Tumusla el 2 de abril de 1825.

Tumusla, es la legítima gloria de nuestra independencia, finalizó y selló la guerra de 16 años continuos de lucha en el Alto Perú, por esfuerzos propios y por la voluntad de sus hijos, sin que el Ejército del Mcal. Sucre hubiera intervenido con sus armas.

Acerca de la necesidad histórica de establecer una fecha de creación de nuestro Ejército, entre divergencias que surgen de propuestas que apuntan; las unas a citar decretos emitidos después del Acta de Fundación de la República de Bolivia y las otras orientadas a "orígenes de hecho" que se dieron en la Batalla de Aroma, consideramos que el origen mismo del Ejército boliviano, se encuentra en el accionar permanente de las fracciones guerrilleras que operaron en el Alto Perú durante 16 años, con un objetivo claro y bien definido, la Patria, con una organización poco formal, bajo una nueva forma de realizar la guerra, con técnicas y tácticas poco ortodoxas pero finalmente eficaces.

La guerra de guerrillas tal como la conocemos en este siglo, nació en Hispanoamérica durante la guerra de la independencia, para posteriormente difundirse en el resto del mundo. La existencia en los archivos bolivianos de documentos narrativos de la época, permite conocer cómo se inició este proceso.

"A través de un microcosmos durante la guerra de la independencia, se reconstituye la formación de tropas improvisadas, apoyadas por las comunidades indígenas, sus maneras de hacer la guerra y sus creencias, el nacimiento de una nueva forma de liderazgo con el caudillo, y una economía de guerra en la que la coca juega un papel importante".

El territorio de Bolivia, es sin duda la cuna del origen de la guerra de guerrillas, se constituye en el seno del surgimiento de este tipo de lucha, por tanto además de constituir un deber, es una obligación nuestra, estudiar con mayor profundidad esta forma de hacer la guerra, absolutamente soberana y legítima, para que luego, tomando en consideración los adelantos tecnológicos y el surgimiento de nuevas técnicas y tácticas, podamos incorporarla de manera contundente en los programas de instrucción y en los diseños curriculares de los Institutos Militares, con contenidos enriquecidos en experiencias exitosas ajenas a través de la consideración de una carga horaria importante.

Durante la Guerra de la Independencia en el Alto Perú se logró conjuncionar por la causa libertaria a todos los estamentos sociales tanto criollos, mestizos e indígenas que se unieron con el propósito trascendente de dirigir los destinos de nuestra amada Patria. Sin embargo, la organización social imperante en la época desconoció la participación indígena y pese a que fue un actor protagónico de la lucha emancipadora no se la tomó en cuenta para la construcción de la naciente República.

VI.- FORMACIÓN Y CONSOLIDACIÓN DEL EJÉRCITO DE BOLIVIA.

En esta etapa republicana, queda claramente establecido que la organización de un ejército regular sobre la base de fuerzas irregulares, se dio en un contexto en el que existía la necesidad de consolidar el Estado naciente, frente a las ambiciones internas de poder y la ampliación de posesiones territoriales de algunos de los países vecinos.

Si con el gobierno del Mcal. Antonio José de Sucre, se cimentaron las bases para la creación de Bolivia, años más tarde con el Mcal. Andrés de Santa Cruz ese nuevo Estado se convertiría en símbolo de ejemplo de organización, prosperidad y crecimiento en el continente, trascendiendo dicho prestigio hasta el viejo mundo.

El Ejército recién creado, encontró como tal, sus propias victorias y su primera prueba de fuego en las Guerras de la Confederación, bajo el mando del Mcal. Santa Cruz, la bandera boliviana se batió inicialmente con fracciones disidentes del Ejército del Perú para lograr su pacificación, llegando las tropas bolivianas hasta Lima. Posteriormente tuvo que defender la nueva organización político territorial de la amenazante presencia de sus similares de Argentina y Chile.

Entre 1836 y 1839 se probaría la fuerza, coraje y la potencialidad del soldado boliviano, se afirma que fue la época más gloriosa y heroica de la Historia Militar y la menos recordada, aprendida y leída en nuestro país, "Bolivia la pequeña Francia de Sudamérica, Santa Cruz el Napoleón de los Andes".

El Mcal. Andrés de Santa Cruz, el más grande estadista de nuestra historia se hizo cargo del gobierno en 1829, se propuso inmediatamente realizar un reordenamiento del nuevo Estado en todos las expresiones del poder, fomentó la industria y artesanías en el país y otras de saneamiento administrativo, para generar mayores dividendos y mejorar la eficiencia fiscaltrabajo en el aspecto moral, dando ejemplo personal de honestidad, honor y dedicación, logró levantar la autoestima Nacional, desmejorada por las constantes revoluciones y motines.

En un par de años el Mcal. Andrés de Santa Cruz, logró alcanzar los objetivos económicos y sociales trazados para el país, asegurando su continuidad con la elaboración de Códigos, los primeros en su clase en el continente. Nuestro país logró no ser solo la primera referencia comercial sino también militar, ya que se efectúo un proceso de profesionalización y equipamiento que la prensa de la época la comparaba como la Prusia de América, al punto que podía poner fácilmente en pie de guerra 22 batallones de infantería, 13 regimientos de caballería y una brigada de artillería, potencia de combate que sólo Brasil y México en esa época podían emular y hasta superar. Los tres años de la Campaña de la Confederación diluirían esa capacidad.

La Campaña de la Confederación fue la más exalta de nuestra vida republicana, no por su duración, sino por su alcance geopolítico, no necesariamente por la cantidad y fortaleza de los múltiples enemigos; sino por la fuerza, la fe en sí mismos, el arrojo permanente y el sacrificio manifestado por el Ejército Confederado, cuya base organizativa se apoyaba en el Ejército de Bolivia.

Las Batallas de Yanacocha, Uchumayo y Socabaya dieron a luz la Confederación; Humahuaca, Iruya y Montenegro la consolidarían; Paucarpata iniciaría su ocaso y Yungay terminaría no sólo con la Confederación, sino con el fructífero gobierno del Mcal. Andrés de Santa Cruz.

Es absolutamente necesario y útil a los fines que persigue el Ejército, resaltar aún más de lo que normalmente se hace en la actualidad, la excelsa figura del Mariscal Andrés de Santa Cruz, colocándolo en el mismo sitial de trascendencia del Libertador Bolívar y del Mcal. Sucre.

A la caída del Mariscal de Zepita, nuestro país estuvo sumido por dos años consecutivos en una guerra civil, que se disolvió rápidamente, olvidando las diferencias existentes, ante la intención del Gral. Agustín Gamarra de anexar al Perú el departamento de La Paz, el Ejército al mando del Gral. José Ballivián derrotó en los campos de Ingavi al Ejército peruano, sellando de esta manera nuestra Independencia y enterrando las intenciones anexionistas de nuestro vecino. El impulso que había logrado al obtener esta importante victoria, llevó al Mcal. José Ballivián a invadir territorio peruano ocupando por el lapso de seis meses el territorio de Puno y Moquegua, replegándose al termino de dicho tiempo para evitar dañar la relación con el Perú que volvía a articular un Ejército convencional.

Como presidente el Mcal. José Ballivián (1841 - 1847), tuvo varias gestiones dignas de recordar, creó el departamento del Beni y fomentó la exploración del oriente del país especialmente del río Pilcomayo, fue el primer presidente que captó la necesidad que tiene un país de vincularse geográficamente sobre todos sus dominios. En el campo económico, apoyó la reactivación de la minería decadente, procurando fomentar el ahorro popular.

En la educación, promulgó una reforma general en 1845, obra de su Ministro y posterior presidente Tomas Frías.

Del resultado de las acciones victoriosas de las armas bolivianas en Ingavi, observamos nítidamente que cuando un pueblo se une alrededor de una causa justa y común, el triunfo y la obtención de objetivos se dan por descontado, desde luego que para que esto sea posible, influye también de sobremanera, una rigurosa planificación de las operaciones, el arte y ciencia de la guerra aplicados con maestría por el genio militar, los que sumados al empleo de material de guerra de avanzada tecnología permitieron a Ballivián destruir al Ejército peruano en los campos de Ingavi.

VII.- CAUDILLISMO MILITAR.

A la caída del Mcal. José Ballivián, le sucedieron una serie de gobiernos militares que muchos historiadores la denominan como la "época de los caudillos dictadores", abarcando los años de 1848 a 1879, fue la etapa de la decadencia y la desprofesionalización de un Ejército que había alcanzado su plenitud en eficiencia y eficacia con los gobiernos de Santa Cruz y Ballivián.

Una figura que se destaca en este periodo es la del Gral. Isidoro Belzu, que intentó reunir en abrazo fraterno a todos los bolivianos, dictando un decreto de amnistía. Sus pretensiones tropezaron con la oposición de la aristocracia que no le perdonaba el despojo de sus privilegios, lo que le llevo a apoyarse en la masa de indígenas y mestizos que constituían la base y sustentación de su gobierno, cobrando enorme fuerza, posibilitando por primera vez la intervención de las clases populares en la vida pública del país.

"Cholos, les decía el gobernante invitándoles a la depredación, mientras vosotros sois del hambre y la miseria, vuestros opresores que se llaman caballeros y que explotan vuestro trabajo, viven en la opulencia. Sabed que todo lo que tenéis a la vista os pertenece, porque es fruto de vuestras fatigas. La riqueza de los que se dicen nobles, es un robo que se os ha hecho".

El Ejército en este periodo, fue empleado como un instrumento para llegar al poder y parapetarse, en él, mientras otros países se terminaban de organizar y emprendían un camino hacia su desarrollo, el nuestro se veía envuelto en la etapa más oscura de nuestra historia, no es necesario buscar mayores explicaciones sobre los defectos de los individuos que gobernaron y comandaron al Ejército, este fenómeno se originó en consecuencia por la expresión de la composición y organización social del país, de las luchas de poder, de la inexistencia de una conciencia pública de los intereses del Estado, que cobraría una fuerte factura…… la pérdida del Litoral boliviano.

En este aspecto podemos señalar, si el Ejército de Bolivia hubiese mantenido los niveles de eficacia y de profesionalismo alcanzados en los gobiernos del Mcal. Santa Cruz y Ballivián, sin entrometerse en asuntos políticos, habría sido posible contar con una fuerza militar disuasiva que sin lugar a dudas hubiera evitado la invasión de Antofagasta y cercenado la ambición chilena.

VIII.- GUERRA DEL PACÍFICO.

La Guerra del Pacífico que se inicia en 1879, desnuda una cruda realidad, nuestro país no se encontraba en condiciones de enfrentar ninguna contienda bélica por sus problemas internos, la hambruna y la carencia de medios bélicos para la guerra, el Ejército del Mcal. Santa Cruz había pasado en tres décadas a ser un Ejército politiquero cuyo objetivo de sus mandos era la silla presidencial o el protagonismo político.

La amputación del brazo hacia el mar, fue el resultado de la falta de previsión y del periodo de oscurantismo del caudillismo militar, descuido total en el que se puede apreciar la incapacidad diplomática y política, la falta de visión de Estado y el papel nefasto de las logias burguesas que actuaron secretamente guiadas por sus intereses económicos, dejando libradas a su suerte a los soldados, como ocurrió en el combate de Tacna.

IX.- INTENTOS DE INSTITUCIONALIZACIÓN DEL EJÉRCITO EN LA DEMOCRACIA.

La experiencia amarga de los resultados de la Guerra del Pacífico, originó dos corrientes políticas guiadas por intenciones e intereses contrapuestos, la primera de conservadores proclives al capital chileno y de tendencia pacifista, y los liberales con posiciones totalmente contrarias.

El Ejército, bajo el régimen conservador fue apartado de la política y en el intento serio de profesionalización, se emprendieron una serie de medidas que modernizarían la institución, entre ellas la creación de un nuevo sistema de conscripción militar y la reapertura del Colegio Militar; sin embargo las posiciones encontradas de la política interna a causa de la Ley de Radicatoria, puso en vilo y en pie de guerra nuevamente a la institución, fraccionándola en un Ejército federal y otro constitucionalista, en realidad una misma institución apartada diametralmente por las corrientes y los intereses políticos del momento.

Un análisis histórico comparativo, permite inferir que las fuerzas militares que alcanzaron gran prestigio, desarrollo y modernidad, fueron aquellas que se dedicaron a la exclusiva tarea para las que fueron diseñadas o creadas, la seguridad y la defensa, muchas de ellas tienen candados legislativos que impiden su empleo oportunista, abusivo, infundado y discordante a la causa noble de la Patria.

Los gobiernos liberales que se hicieron cargo de los destinos del país al inicio del siglo XX, tropezaron con otro incidente territorial, que nuevamente evidenciaba el descuido de la vinculación y la presencia del Estado en su territorio.

Pese a los triunfos obtenidos en las batallas de Riosinho, Bagué y Puerto Alonso, en la primera campaña del Acre, donde las fuerzas militares bolivianas habían dado muestras de su temple y la capacidad de resistencia a las adversidades del ambiente geográfico extrañas a su realidad, le sucedió una segunda campaña que se vio amenazada por una guerra internacional con el Brasil.

Si en principio, el gobierno brasileño había adoptado una actitud oficialmente neutral, al ver la desorientación boliviana intervino descaradamente como poder invasor, obteniendo la ocupación de Puerto Alonso y logrando que el Tratado de Petrópolis cediera a su soberanía el Acre a cambio de una indemnización económica.

La Guerra del Pacífico evidenció a los gobiernos la necesidad vital de mejorar la capacitación del personal militar, las campañas del Acre confirmaron dicha necesidad ampliando su ámbito a la modernización de las estructuras institucionales y del Estado como tal, en todos los órdenes.

Bajo la tutela de los gobiernos liberales se contrataron misiones militares extranjeras, provenientes de Europa, la primera en arribar fue la misión francesa que estuvo al mando del Gral. Jacques Severs en 1905, quien ocupó el máximo cargo del Ejército, para encarar inicialmente la reformulación de la educación militar en los diferentes Institutos Militares, trabajando en la elaboración de algunos reglamentos de táctica, régimen interno y orden cerrado, que de alguna manera aseguraban la disciplina y el orden dentro de la Institución. La misión francesa estuvo más orientada a los asuntos académicos, aunque se evidenció también un equipamiento bélico significativo con la adquisición de material de artillería e infantería.

La gran reorganización del Ejército, se produce tras la solicitud de Bolivia al Imperio alemán, para que enviase una Misión Militar con el objeto de reestructurar y adecuar nuestra Institución a los modelos de doctrina y organización prusianas, consideradas hasta ese entonces como un referente de eficiencia operativa y disciplina militar en el orbe.

La Misión Militar alemana que arribó a La Paz en 1911, inició su trabajo basándose en la disciplina y el orden cerrado, que terminó por enamorar a la opinión pública con el Ejército, confundiendo la precisión de las marchas en los desfiles con la eficiencia operativa, algo que hasta nuestros días no es extraño.

Los alemanes innovaron con buenos resultados los sistemas disciplinarios, educativos y operativos en la aplicación de un valor fundamental que se mantiene hasta el día de hoy "El Honor".

Se establecieron también la periodicidad de las grandes maniobras en el Altiplano, especialmente en invierno que culminaban con paradas militares.

La primera Misión Alemana que llegó al mando del entonces Mayor Hans Kundt desarrolló un trabajo realmente meticuloso, responsable y continuo que reglamentó las operaciones de las Armas del Ejército.

En la segunda contratación de esta misión en el gobierno republicano de Bautista Saavedra el año 1921, se realiza una purga en las filas del Ejército desterrando y dando de baja a los oficiales de familias conservadoras y liberales enemigos del gobierno, si bien llegan a incrementarse las maniobras militares con mayor envergadura por la cantidad de unidades participantes, la figura de Hans Kundt, cobra un relieve político importante y ante los permanentes motines y levantamientos de unidades y fracciones militares se acuña la frase institucional del Ejército: "Subordinación y Constancia" de autoría del mencionado oficial alemán, para insertar en el imaginario de la oficialidad su acatamiento y respeto permanente y constante al poder político en turno de gobierno.

Acompañada de las misiones alemanas y casi paralelamente a las mejoras estructurales, el Ejército fue recibiendo a partir de 1928, un fuerte equipamiento militar con abundante y moderno material bélico nuevo, que fue desperdigado en depósitos, sin que su conocimiento técnico y acceso a manipuleo hayan llegado al personal y peor aún, sin transporte para el traslado de tropa y equipo. Esas fueron las circunstancias en que enfrentaríamos una nueva contienda bélica.

X.- LA GUERRA DEL CHACO.

La Guerra del Chaco, fue la primera guerra moderna en la historia de Latinoamérica; el enorme despliegue de material bélico y municiones no tiene comparación con ningún otro conflicto en la región a lo largo del siglo. Durante tres años, 250.000 soldados bolivianos y 150.000 paraguayos se enfrentaron en los cañadones chaqueños. La malaria y otras enfermedades, al igual que la falta de agua diezmaron a los ejércitos, más que la guerra misma.

"La historia se repite", es una sentencia que destruye a los Estados que no saben interpretar su historia, ni aprenden de sus propios errores, las guerras no las ganan solo los ejércitos, las guerras son un fenómeno sociopolítico, que debe estar acompañado del apoyo de sus políticos, su economía y sus ciudadanos para el logro de una contienda exitosa.

La Guerra del Chaco, fue un caldero en el que se fusionaron todos los estamentos de la sociedad boliviana y hasta aquellos que no eran considerados como tales, un fenómeno en el que el empleo de la fuerza indígena cobró fuerza en sus propias reivindicaciones sociales, a la cual hasta las puertas de los cuarteles le estaban cerradas en la época.

XI.- EL SOCIALISMO MILITAR.

En tres años de guerra, las trincheras habían formado una nueva ideología nacionalista en la conciencia y el pensamiento social de los soldados del Chaco, fue durante esta contienda que hubo un verdadero encuentro de las clases sociales que conformaban Bolivia, especialmente de la clase media con los campesinos.

Se denominaron nacional socialistas otros social nacionalistas, cualquiera que fuese la denominación ellos surgieron del Chaco, son los generadores primigenios en el país de esta corriente que obviamente derivó en la política, en su mayoría militares u hombres que temporalmente vistieron el uniforme en la guerra.

Era vital para Bolivia, modernizarse socialmente y seguir las corrientes que parecían irrefrenables en el mundo, el fascismo italiano, el nacionalsocialismo alemán, el marxismo soviético, el franquismo español, todos tenían un común denominador de dos componentes: el antiimperialismo anglo – franco – norteamericano y el ansia de equidad social.

De estos primeros años después de la post guerra, se destacan dos figuras militares trascendentes el Cnl. David Toro y el Gran Capitán del Chaco, German Busch, militares que pusieron de moda temas socialistas que pretendían simultáneamente, defender las riquezas nacionales y modernizar la economía del país. Las acciones que derivan de este pensamiento, se concreta con la derogación de concesiones a la Standard Oil y la creación de YPFB, la nacionalización completa del Banco Central, la obligación a la oligarquía minera de depositar la totalidad de sus divisas al Banco Central, la fundación del Banco Minero y del Ministerio de Trabajo, la instauración del Día del Indio, la obligación de los hacendados de financiar escuelas en sus propiedades, y otras que no se lograron efectivizar por las presiones de la oligarquía vigente.

Uno de los grupos que aprendió las lecciones de la Guerra del Chaco, era el de los oficiales constituidos en una célula clandestina denominada Razón de Patria (RADEPA); ellos emprendieron una sinuosa política anti feudal y anti minera que desembocaría en la Revolución Nacional.

En estos agitados años se destaca la figura de carácter patriota y nacionalista del Cnl. Gualberto Villarroel, así como su orientación en favor de las clases obreras y grupos indígenas, despertando la suspicacia y la oposición de los potentados y de los dueños de las grandes empresas mineras. La prensa de la oposición lo tildaba de pro-nazi, y muchos países, con Estados Unidos a la cabeza, tardaron meses en reconocer al nuevo gobierno. A pesar de toda esa oposición Gualberto Villarroel dispuso la realización del Primer Congreso Campesino, cuyo objetivo era el de incorporar al Estado con todos sus derechos y obligaciones a esta clase marginada.

Las oligarquías mineras, temerosas de perder su poder y sus privilegios, agitaron el país con continuos conatos de conspiración, el gobierno de Villarroel sofocaba estos movimientos con el uso de la fuerza, lo cual hizo que perdiera su popularidad, sus propios ministros del Movimiento Nacionalista Revolucionario (MNR.) lo traicionaron y abandonaron el gabinete; ante este contexto, Villarroel se vio obligado a contar exclusivamente con personal militar. Fue asesinado y colgado en la Plaza Principal de La Paz, gracias a las intrigas y conspiración de la rosca minera feudal.

XII.- EL EJÉRCITO DESPUÉS DE LA REVOLUCIÓN DE 1952.

El gobierno del MNR. de Hernán Siles Zuazo (1956-60), que dependía cada vez más de la buena voluntad de las milicias, comenzó la reconstrucción de las Fuerzas Armadas, con la idea de mantener una fuerza dependiente del gobierno civil en relación sobre todo a proyectos de Acción Cívica. El historiador Robert J. Alexander cita dos razones adicionales del porqué, el gobierno del MNR. decidió restaurar a las Fuerzas Armadas.

En primer lugar, el gobierno quería hacer uso de los indígenas dóciles, que, se reclutaba a la edad de dieciocho años. En segundo lugar, el gobierno probablemente se sintió presionado por los Estados Unidos para restablecer las Fuerzas Armadas regulares y se cree que el aumento de la ayuda económica del país del Norte dependía de ello.

En un esfuerzo por asegurar que el nuevo Ejército permanecería leal, el gobierno civil dio preferencia en los nombramientos de mando y promociones de oficiales militares, a aquellos de conocida simpatía por el partido de gobierno (MNR).

A medida que el gobierno del MNR. se convirtió cada vez más dependiente del Ejército para controlar los disturbios, los militares comenzaron a adquirir cierta influencia política. En 1956, instructores militares de Estados Unidos comenzaron a enseñar en el Colegio Militar, materias militares basadas en la doctrina de Seguridad Nacional (contra comunista). A partir de ello, en 1958 se dio inicio al proceso de Asistencia Militar de Estados Unidos a Bolivia, con lo que también el gasto militar aumentó considerablemente y de manera constante. Para consolidar su doctrina, Estados Unidos aplicó programas de educación militar dirigidas al personal de Cuadros, aplicando además de ello un programa de becas para estudios militares en territorio estadounidense, dirigido al personal militar destacado. Como consecuencia de esta asistencia militar, el Ejército creó otras dos Divisiones, elevando el total a ocho. La Fuerza Aérea Boliviana se independizó del Ejército en 1957, asumiendo la responsabilidad de la defensa aérea, incluida el funcionamiento de las unidades de Artillería Antiaérea.

XIII.- GOBIERNOS MILITARES.

Seguido del largo periodo revolucionario del MNR, que no logró consolidarse como tal, se inició un nuevo periodo de gobiernos militares; las Fuerzas Armadas lideradas por el Gral. Barrientos y apoyadas masivamente por universitarios y la población en general, lograron hacerse del gobierno.

El gobierno del Gral. Barrientos se caracterizó por ser el de la reorganización institucional, reincorporando la totalidad de cadetes y oficiales que habían sido dados de baja por el MNR. Se puso en marcha la Operación "Desarme", que consistía en recuperar el parque de material bélico, Barrientos, al asumir su cargo confiscó las armas distribuidas por el MNR. a civiles, paramilitares y Policía. Aprovechando esta circunstancia el gobierno de Barrientos modernizó la Policía, creando así la Guardia Nacional de Seguridad Pública, para el resguardo del orden; la Dirección de Investigación Criminal, en el ámbito de las investigaciones judiciales: y el Servicio Nacional de Tránsito.

Dispuso el incremento de un 70 % en los haberes del personal del ramo de Defensa, y la reorganización del Ejército, incrementando sus efectivos a 20.000 y ampliando la participación ciudadana mediante Ley del Servicio Nacional de Defensa con el Servicio Militar Obligatorio para los estudiantes; para contar con el apoyo del Ejército, Barrientos nombró Co Presidente al Gral. Ovando, en una diarquía política única en la historia Republicana.

Después de un periodo de incubación y preparación, el 23 de marzo de 1967 se iniciaron abiertamente las acciones de la guerra en la zona de Ñancahuazú con la emboscada de guerrilleros cubanos y bolivianos a fuerzas militares del Ejército. Con estos acontecimientos, el Ejército de Bolivia organiza sus fuerzas e inicia las operaciones militares de contra guerrilla en esta región.

Durante la ejecución de la segunda fase con el plan denominado Operación "Cinthia", se creó una novedosa estructura organizativa de las fuerzas que permitió descentralizar las secciones con mandos propios, con una eficiente red de comunicaciones y suficiente apoyo logístico, aspectos que redundaron en acciones contra guerrilleras mucho más exitosas.

Después de ejecutar el mencionado Plan, el Ejército destruyó paulatinamente a las fuerzas guerrilleras; el 31 de agosto se produjo una de las más importantes emboscadas en el sector denominado Vado del Yeso, las tropas al mando del Cap. Mario Vargas Salinas, aniquilaron una de las columnas del Che Guevara; posteriormente el 8 de octubre de 1967, se produjo el combate de La Higuera donde Ernesto Guevara La Serna, fue finalmente capturado por el Ejército boliviano, poniendo fin a la guerrilla.

Esta acción victoriosa, se debió principalmente a la excelente planificación de las operaciones, en las que quedó demostrada la capacidad y la valía del militar boliviano, la entereza y sacrificio de los soldados y sobre todo la capacidad de adaptabilidad del Ejército al combate cuando se cuenta con buen entrenamiento y medios para la guerra.

Las operaciones militares desarrolladas durante las guerrillas, sentaron las bases para demostrar la eficiencia y eficacia del Ejército, cuando nuestros mandos y el Estado nos proporcionan las herramientas adecuadas para defender nuestra Soberanía; sin embargo, hoy en día y a la luz de los acontecimientos ocurridos durante todo este tiempo, corresponde reflexionar acerca de la legitimidad de la causa guerrillera, en este caso veremos que a través de su lucha, las fuerzas guerrilleras buscaban cambiar y mejorar las condiciones de vida de las mayorías, noble propósito que no tuvo el eco necesario, pues los bolivianos comunes veían a los guerrilleros como fuerzas invasoras, por tanto el Ejército seguro de cumplir con su misión constitucional, combatió y derrotó a estas, proporcionando muchas enseñanzas y experiencias para las generaciones venideras.

la muerte inesperada del Gral. Barrientos y aun teniendo muchas posibilidades para ser elegido democráticamente el Gral. Ovando tomó el mando del gobierno, asumiendo una serie de medidas de corte nacionalista a la medida del Cnl. Toro y de German Busch, nacionalizó los pozos e instalaciones de la transnacional norteamericana Gulf Oil Company. Durante su gobierno, adoptó medidas importantes, y sorprendentes para los observadores, aboliendo la severa Ley de Seguridad del Estado, garantizando diversas libertades para la ciudadanía, la prensa, y autorizando a los dirigentes sindicales para reorganizar la Central Obrera Boliviana (COB).

El gobierno de Ovando, significó un cambio de rumbo en la orientación política del país, en un intento de conectar con los postulados de la revolución de 1952: nacionalismo, defensa de los recursos naturales y desarrollo de los medios de producción para lograr una mayor independencia económica. Para ello, se rodeó de destacados intelectuales jóvenes, como José Ortiz Mercado, Édgar Camacho, Óscar Bonifaz, Mariano Baptista Gumucio y Marcelo Quiroga Santa Cruz entre otros. Era un gabinete mixto, compuesto de militares y políticos patriotas.

La afectación de los intereses del imperio norteamericano por el acercamiento del Gral. Ovando a la URSS, tuvo efecto y pronto se originarían frentes internos en la cúpula de gobierno y en las Fuerzas Armadas.

A la caída del Gral. Ovando, arribó al gobierno el Gral. Juan José Torres, que se caracterizó por adoptar una posición explícitamente antiimperialista y llevar adelante medidas que significaban profundos cambios económicos y sociales, como la nacionalización de la Mina Matilde, la reposición salarial a los mineros, la nacionalización de colas y desmontes, la expulsión del Cuerpo de Paz Norteamericano, el incremento del presupuesto asignado a las universidades bolivianas, la creación de las Corporaciones de Desarrollo (incubadoras de las empresas estatales), la creación del Banco del Estado (Banco de Desarrollo), etc.

Torres fue autor del "Mandato Revolucionario de las Fuerzas Armadas", plataforma programática de los gobiernos militares, también presidió junto a José Ortiz Mercado la elaboración de la "Estrategia Socio-Económica del Desarrollo Nacional" documento que debería guiar la gestión gubernamental de Ovando pero que en la práctica se inició su implantación durante el gobierno de Torres.

La iniciativa política, fue la llamada Asamblea Popular de 1971, organizada por la Central Obrera Boliviana (COB), dirigida por su secretario general, Juan Lechín e integrada mayoritariamente por los sindicatos, los partidos políticos que tenían representación en la conducción de la COB., y algunas organizaciones campesinas. La Asamblea Popular, se desempeñaba como un poder paralelo y tenía como objetivo realizar una revolución socialista en Bolivia. Le Monde Diplomatique la definió en aquel momento como el "Primer Soviet de América Latina".

En 1971, el General Torres fue derrocado por un cruento golpe de Estado de extrema derecha, dirigiéndose al exilio. Cinco años más adelante, fue secuestrado y asesinado en Buenos Aires en el marco del denominado Plan "Cóndor".

De ahí en adelante y por más de una década, una serie de gobiernos militares enmarcados en la doctrina de seguridad nacional impuesta por el país del norte se hicieron cargo del gobierno.

El Ejército, fue sistemáticamente adoctrinado en contra del comunismo y las corrientes socialistas, en una situación coyuntural y en un momento en el que gran parte de la población esperaba una respuesta que garantice la gobernabilidad del país.

La mayor parte de los golpes de Estado, fueron gestados y planificados desde las casas de los políticos de siempre, que preferían encontrarse detrás de la silla presidencial y colocar en ella a un militar que gobierne en favor de los intereses de su grupo de poder.

La decisión valiente y patriótica del Gral. Guido Vildoso de encauzar a la vida democrática los destinos del país, es digna de recordar, porqué a partir de entonces el Ejército fue respetuoso de la Constitución y actuó siempre enmarcado en ese rol, garantizando la pervivencia de los intereses del Estado.

Muchos de los gobiernos militares tuvieron una visión reformista y contestataria hacia los gobiernos derechistas y anti indigenistas de la época, buscaban especialmente mejorar las condiciones de vida de los grupos indígenas y explotados por los anteriores gobiernos, pero como contraparte, estos grupos de poder a fin de no perder sus privilegios, preparaban el terreno para derrocarlos o asesinarlos antes de que consoliden su propósito.

Promulgaron una serie de Normas y Leyes favorables a la sociedad, que tampoco fueron entendidas por la miopía de la política partidista, vincularon el territorio nacional a través de carreteras y caminos, incentivaron el desarrollo industrial y muchas reformas sociales que quedaron truncadas por golpes de Estado, siempre promovidos por la oligarquía y logias que no querían perder sus mal ganados privilegios económicos.

XIV.- EL EJÉRCITO EN LA VIDA DEMOCRÁTICA DE LA REPÚBLICA.

La ayuda militar de los Estados Unidos a Bolivia, se mantuvo congelada durante ocho años, hasta septiembre de 1985, poco después de que el presidente Víctor Paz Estenssoro asumió el cargo. En la segunda mitad de la década de 1980, Estados Unidos continuó con su antiguo papel como principal fuente externa de Bolivia de la Asistencia Militar.

Los primeros años de este periodo, el Ejército recibió pero con cautela la medida del "olvido", se debía desmilitarizar el poder político, para ello era necesario el retorno de los militares a los cuarteles, de los cuales no salieron, fue un periodo en que internamente y siempre con limitaciones se profesionalizó el Ejército y se reencauzó otra vez a sus tareas de Seguridad y Defensa.

Dado que la amenaza del comunismo había quedado fuera de escena, Estados Unidos enfocó la asistencia militar a Bolivia hacia la lucha antidroga, razón por la cual su influencia doctrinaria siguió en las Fuerzas Armadas de la Nación.

En un recorrido histórico sobre la influencia doctrinaria que tuvo el Ejército de Bolivia podemos aseverar que inicialmente fue influenciada por las tácticas napoleónicas, el empleo de las formaciones en cuadro de la Infantería, las tácticas de Caballería y Artillería fueron utilizadas hasta la aparición de los primeros cañones de repetición o ametralladoras. A inicios del siglo XX, nuestro Ejército se ve influenciado por la doctrina francesa, gracias a la contratación de la misión militar de ese país, dicha influencia fue abruptamente cortada con la contratación de la misión alemana que en tres oportunidades efectuaron una reorganización trascendental en el Ejército, ya en la Guerra del Chaco, se pondría a prueba la táctica de guerra de trincheras por la experiencia asumida por los alemanes durante la Gran Guerra. Por el lapso de dos décadas el Ejército permaneció con la tendencia alemana hasta que a mitad del siglo XX se ve influenciada de la asistencia militar de EE.UU. de Norteamérica inicialmente en la lucha contra comunista y posteriormente contra las drogas, que influyó para que la instrucción, entrenamiento y adquisición de medios se vea enfocada a esas consignas externas

La coyuntura política y las corrientes externas sobre seguridad y defensa en el denominado "Plan Bush", puso en duda nuestra existencia, las fuerzas militares ya no eran necesarias deberían ser castradas para convertirse en fuerzas policiales y en este andamiaje incomprendido por la oficialidad, curiosamente los mandos trataban de encontrar una fórmula que revelará el "Nuevo Rol de las Fuerzas Armadas", cuando éste estaba plasmado en la Constitución Política del Estado.

No puede existir una institución más cuestionada como aquella que busca otros roles o funciones y no se prepara para lo que fue diseñada y creada. Cualquier otra tarea asignada por los gobiernos de turno, debe ser secundaria al supremo mandato que establece la Constitución Política del Estado.

En el Ejército, primero se debe ser soldado, prepararse, entrenar y actuar como tal. La desprofesionalización a la que fue sometida la Institución debe encontrar un punto de inflexión que permita revertir tal situación, en una proyección moderna empleando técnicas y procedimientos actuales, adaptándolos a nuestra realidad y no sustrayéndonos de todo avance en el razonamiento para la solución de problemas militares y en el empleo de la tecnología, por la identificación ideológica que esta pueda tener.

El ocaso de los gobiernos de derecha, se inició en los primeros años del siglo XXI, fue el pueblo y los movimientos sociales, que a consecuencia de demandas nacionalistas hicieron tambalear la estructura política de la República; en momentos difíciles para el país, el Ejército salió a reprimir esa voluntad, en cumplimiento de su misión constitucional, aunque en los corazones de sus componentes se batía la dicotomía del cumplimiento de las órdenes y la legitimidad de las demandas que defendía el pueblo del que ellos eran parte.

Fueron días difíciles para las Fuerzas Armadas y en especial para el Ejército que no aceptó ningún tipo de seducción para hacerse cargo del gobierno por la visión democrática de sus nuevas generaciones. Más tarde su papel sería fundamental para garantizar la unidad del nuevo Estado, ya que tan sólo en la unidad, la firmeza del Ejército y de las Fuerzas Armadas podía apoyarse la unión y pervivencia del nuevo Estado Plurinacional de Bolivia.

XV.- LINEAMIENTOS DOCTRINARIOS CON BASE HISTÓRICA.

A.- Desarrollo tecnológico endógeno con base a los saberes indígenas.

Lineamiento doctrinario que impulsa a la búsqueda por capitalizar los conocimientos y saberes indígenas originario campesinos para emplearlos y desarrollarlos en la ciencia y tecnología militar. (Ej.: deshidratación de alimentosastronomíaplantas medicinales, etc.)

B.- Conocimiento del carácter, naturaleza e idiosincrasia del pueblo para generar un pacto social por la defensa.

Conocimiento detallado de la forma de ser, sentir y actuar de las diversas nacionalidades que habitan el Estado boliviano, para lograr una adhesión incondicional para la seguridad y defensa del territorio.

C.- Establecimiento de un dispositivo periférico de defensa destinado a garantizar el dominio territorial del Estado.

Despliegue estratégico de la fuerza militar en los límites de frontera, que garantice una reacción inmediata y efectiva.

D.- Creación de enclaves humanos para dominio y desarrollo territorial en la periferia del Estado.

Traslado intraestatal de grandes contingentes humanos a regiones de interés geoestratégico para garantizar la integridad, soberanía y desarrollo territorial.

E.- Establecimiento de fronteras inteligentes.

Estructuras estatales integrales, con carácter geopolítico y geoestratégico gravitante, que generen condiciones políticas y estratégicas favorables y permitan la evolución y desarrollo del Estado en su jurisdicción, siendo capaces de prevenir, identificar y solucionar sus propios problemas.

F.- Empleo de métodos de acción psicológica sugestivos y persuasivos destinados a ganar la voluntad del adversario.

Línea de acción que define a la mente humana como campo de batalla y como sistema de armas, el empleo de procedimientos y técnicas psicológicas destinadas a modificar las conductas, actitudes, comportamientos y emociones del adversario a favor de nuestros objetivos.

G.- Rotación de contingentes humanos, de acuerdo a su filiación étnica o nacionalidad a partir del Servicio Militar Obligatorio.

Modalidad de movilización del personal de conscriptos de acuerdo a su filiación étnica o nacionalidad, hacia regiones diferentes al de su origen para garantizar una presencia intercultural en los recintos cuartelarios.

H.- Establecimiento del Servicio Militar Mixto.

Estructuración del Servicio Militar en una fuerza permanente, con tropa profesional que alcance los niveles de eficiencia y eficacia operativa destinada a consolidar una fuerza cualitativa disuasiva y de una fuerza flotante con tropa proveniente del Servicio Militar Obligatorio destinada a consolidar una fuerza cuantitativa presencial.

I.- Generación de una doctrina para la organización y empleo de la fuerza militar terrestre, basada en un modelo genuino con técnicas, tácticas y procedimientos propios.

Desarrollo de una alternativa viable, coherente y concurrente con nuestra historia, destinada a equiparar cualitativamente el desequilibrio estratégico existente, ante la imposibilidad de organizar fuerzas convencionales con capacidad efectiva por la carencia de medios.

J.- Participación de todos los estamentos de la sociedad boliviana en el fenómeno social del esfuerzo de guerra.

Cooperación activa de la población en todos sus segmentos sociales, lograda a partir del fortalecimiento del espíritu patriótico, en la consolidación de la identidad y la cohesión plurinacional, respetando las diferencias culturales, étnicas y regionales, posibilitando el desarrollo de una sinergía que se canalice al esfuerzo de guerra.

K.- Definición de líneas de proyección histórica de carácter positivo.

Determinación de líneas históricas, destinadas a capitalizar y revalorizar a mujeres y hombres considerados héroes nacionales y a enaltecer la participación del Ejército en la historia, fijando en el imaginario colectivo símbolos triunfalistas.

L.- Establecimiento de normas para el empleo legal del Ejército en conflictos intraestatales.

La participación del Ejército en conflictos intraestatales, deberá encontrarse delimitada en su accionar, en relación a la temporalidad de su empleo y a los efectos de su participación.

M.- Establecimiento de la doctrina del Ejército dirigida al cumplimiento de su misión constitucional, rechazando las consignas impuestas por otros países.

Durante la historia del Ejército, en las últimas décadas, se pudo evidenciar que la preparación e instrucción de nuestros cuadros y tropa se vio enfocada a consignas foráneas, aspecto que desprofesionalizó a la Institución, la doctrina actual se debe centrar en su organización y empleo a la seguridad, defensa, y paralelamente a cooperar en el desarrollo integral del país, así como lo establece la Constitución Política del Estado.

N.- Asimilación de conocimientos sobre el avance de la ciencia militar terrestre a través de la adaptabilidad a nuestra realidad y necesidad.

Línea que permitirá la profesionalización del personal de la Institución, con proyección moderna empleando técnicas y procedimientos actuales, adaptándolos a nuestra realidad, evitando la omisión o sustracción de conocimientos por tendencias ideológicas.

Conclusión

La "razón de ser" del profesional militar, "encierra el espíritu que da cohesión a la profesión. Aclara la manera en la que los militares conciben sus responsabilidades, aplican sus pericias y expresan su distintiva identidad militar. Define y describe los valores militares precisando la subordinación de las Fuerzas Armadas a la autoridad civil y al Estado de Derecho".

La razón de ser "actúa como fuerza unificadora que asegura que su relación resulte en un equipo fuerte, integrado y fundado en el entendimiento común de la primacía de las operaciones, creencias y expectativas y valores fundamentales del Servicio Militar."

LA "RAZÓN DE SER" DEL MILITAR BOLIVIANO SE HALLA SINTETIZADA EN EL VALOR SUPREMO DEL SERVICIO INCONDICIONAL A LA PATRIA; ya que este representa la conducta del profesional militar boliviano en el ejercicio pleno de su profesión al servicio del referente cohesionador más importante: la Patria.

Identificamos la noción de "servicio" como primer elemento esencial porque somos servidores públicos del Estado Plurinacional de Bolivia, reivindicamos el apostolado militar a los más altos intereses e ideales del Estado, vinculamos esta noción con la idea rectora de "incondicionalidad" porque el servicio que presta el profesional militar boliviano debe ser sin condiciones de ninguna naturaleza e índole, sea económica o de conveniencia personal. Finalmente se resalta el concepto de PATRIA porque éste se constituye en el principal referente cohesionador de todos los bolivianos desde nuestro pasado precolombino hasta la actualidad.

La importancia de resumir la razón de ser del militar boliviano en la noción de: "SERVICIO INCONDICIONAL A LA PATRIA" es que reivindica el modelo institucionalista del ser militar frente a otros modelos de desarrollo que ha experimentado la organización militar tales como el modelo ocupacional o mixto, se busca fortalecer la profesión militar fundada en valores trascendentes, por lo cual EL OBJETIVO CENTRAL DE REALIZAR ESTA REVISIÓN DE LOS VALORES YPRINCIPIOS, ES DE SENTAR UNA BASE DOCTRINARIA, ESENCIAL, CAPAZ DE GARANTIZAR LA CALIDAD HUMANA Y PROFESIONAL DEL PERSONAL MILITAR, ASÍ COMO LA PERVIVENCIA DE SOLDADOS PATRIOTAS COMPROMETIDOS CON EL ESTADO BOLIVIANO EN EL LARGO Y MEDIANO PLAZO.

Para alcanzar este objetivo, será necesario reparar en las condiciones de realización y desarrollo profesional, así como en el bienestar y condición meritócrata del personal militar, en función a sus capacidades, competencias y grado de especialización, aquello permitirá armonizar coherentemente las expectativas personales con las necesidades institucionales de esta manera se podrá contar con recursos humanos idóneos capaces de precautelar los intereses de la Patria antes de cualquier interés.



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